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RHM_extra3_2015_500 años Gran Capitán

32 ANTONIO CABEZA RODRÍGUEZ ritos un nuevo patrimonio hasta erigirse en cabeza de una de las principales facciones aristocráticas en la Castilla de las regencias”69. En efecto, la cultura política nobiliaria en que se formó estaba basaba en antiguos valores caballe-rescos, teniendo como marco de referencia el propio linaje, las hazañas gue-rreras de los antepasados comunes. Giovio describió la lógica del segundón desde el caso concreto de Gonzalo: “Después que en cada linaje al primer hijo le toca toda la hazienda por mayorazgo, los otros hijos apretados de la miseria y pobreza, deven aspirar a nuevas esperanças y a los exercicios de la Guerra, donde se alcançan grandes premios”70. A lo largo de los siglos los Fernández de Córdoba produjeron la suficiente literatura genealógica como para ilustrar en tiempos posteriores las conocidas obras de Ambrosio de Morales, el Padre Francisco Ruano, Salazar de Mendoza o Tomás Márquez de Castro. Es evi-dente que el Gran Capitánno tuvo ninguna dificultad para reconocer en las otras ramas del linaje el ejemplo de algunos de los más resueltos segundones de la familia, como la Casa de los Alcaides de los Donceles creada por don Diego Fernández de Córdoba en el reinado de Pedro I, que en 1512 obtendría el título de marqueses de Comares. O la de los Montemayor fundada por don Martín Alonso de Córdoba en 1327 a partir de un exiguo mayorazgo; el nom-bre del siguiente titular en el señorío aparecía en la Crónica del rey don Juan I, escrita por López de Ayala (en el capítulo dedicado a la conquista del castillo de Audite),y su primogénito llegaría a su vez a formar parte del Consejo Real de Juan II. La historia del linaje demostraba lo importante que era establecer relación inmediata con la monarquía, y hubo ocasión de comprobarlo en las muestras de gratitud de la reina Isabel a don Diego Fernández de Córdoba, representante de la Casa de Baena y Cabra nacida igualmente de otro segun-dogénito. Sin embargo, a Gonzalo no le bastó ponerse al servicio de la reina en 1474 ni su parentesco con Fernando el Católico. La epopeya de la Recon-quista había dado pruebas de hasta qué extremo servían a este fin los hechos gloriosos; su epílogo, la Guerra de Granada, parecía representar una enorme posibilidad para un “alma insaciable de gloria”, en la poética definición que del Gran Capitán dejó escrita Pedro Mártir de Anglería. Pero las grandes ha-zañas y la gloria alcanzada con aquella ocasión, que pudieron alejar el estigma del segundón, no tuvieron en Gonzalo el mismo efecto que se observaría en sus parientes al ser recompensados por sus servicios. Esta cuestión se aclara al profundizaren su vocación militar, absolutamente moderna, que no hubiera sido posible en las condiciones políticas anteriores. 69 Hernando Sánchez, Carlos José: “Las letras del héroe. El Gran Capitán y la cultura del Rena-cimiento”, op. cit., p. 232. 70 Giovio, Paolo: Libro de la vida y crónica de Gonzalo Fernández de Córdoba, op. cit., 7 vº. Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2015, pp. 13-44. ISSN: 0482-5748


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