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RHM_extra3_2015_500 años Gran Capitán

36 ANTONIO CABEZA RODRÍGUEZ Castilla, que en lo sucesivo identificaría a los de su Casa. En 1405, ya para finalizar el reinado de Enrique III, recibía en recompensa por sus servicios la villa y fortaleza de Cabra (convertida en condado en 1455). Durante la regencia, acompañó al infante don Fernando en las campañas granadinas hasta aquí referidas, demostrando su valía en el cerco de Setenil, rompiendo el sitio sobre Alcaudete y en las memorables batallas de Albendín y Ante-quera. Como alfaqueque mayor, concertó la tregua en la primavera de 1410. El entusiasmo por estas victorias y las nuevas conquistas, manifestado en el apelativo con el que ha pasado a la historia don Fernando el de An-tequera, afianzó la creencia de que era ya posible dominar el emirato de Granada. En su interior, en cambio, creció el descontento por la pérdida de tan importante plaza hasta culminar en el golpe de Estado de 1419, como ha denominado L. Suárez a la violenta llegada al trono de Muhammad IX (el Zurdo), generándose a partir de entonces frecuentes disputas dinásticas por la división entre los linajes que controlaban el poder. Después de una reposición del anterior emir entre 1427 y 1429, y de su nueva expulsión, el condestable don Álvaro de Luna inauguró la táctica castellana de intervenir en los asuntos internos granadinos. Esta nueva campaña militar se prolongó durante seis años con importantes ganancias, dejando debilitado al linaje enemigo de los “abencerrajes” que tuvieron que elevar al máximo la violen-cia con sus oponentes para evitar el vasallaje al rey castellano. Exhaustos y derrotados, los abencerrajes acudieron en 1445 a las Cortes de Castilla para buscar una solución a sus querellas. En 1455 un nuevo emir (Nasr Sa’d ibn ‘Ali)tomaba el poder con el apoyo de Enrique IV, aunque se hubo de reanudar la guerra para imponer el pago de 20.000 doblas anuales en reco-nocimiento de vasallaje y la libertad de 600 cautivos sin rescate. Tras una nueva campaña en 1462, se sucedieron las treguas con el emir, retomadas por Isabel y Fernando al llegar al trono. El conde de Cabra recibió entonces poderes para asentar nuevas treguas, permitiendo volver a los alfaqueques a su actividad de rescate de cautivos. En esta situación, el ataque musulmán a la fortaleza de Zahara a finales del mes de diciembre de 1481 suponía romper una vez más la última tregua pactada, junto a la sorpresa (la acción estuvo dirigida por el mismo sultán, cuando la última renovación de las treguas tenía fecha del mes de marzo), ofreció a los reyes la oportunidad de iniciar la guerra definitiva75. Como en campañas anteriores, desde los inicios de la guerra de Granada las cuatro Casas del linaje se involucraron en las operaciones con tropas y 75 Suárez Fernández, Luis: Los Reyes Católicos. El tiempo de la Guerra de Granada, op. cit., pp. 74-78. Y Ladero Quesada, M. Á.: Andalucía a fines de la Edad Media, op. cit., p. 304. Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2015, pp. 13-44. ISSN: 0482-5748


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