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RHM_extra3_2015_500 años Gran Capitán

GONZALO FERNÁNDEZ DE CÓRDOBA Y LA IDENTIDAD DE LA ... 39 reyes lo suficientemente fuerte como para unificar la acción de todos esos contingentes de la nobleza y para encauzar todas esas fuerzas dedicadas a menudo a luchas intestinas”85. F. Quero Rodiles lo identifica con la “uni-dad de mando y acción” que empieza a vislumbrarse en las operaciones militares y que se tradujo en la elaboración de planes de operaciones86. Así se entienden los cambios en la estrategia y decisiones fundamentales como aligerar la caballería e incrementar la proporción de la infantería, que en los momentos finales de la guerra sumaba las tres cuartas partes del total de la fuerza. Lo mismo puede decirse de la mayor intensidad de uso de la artillería, con cañones de peso y volumen más reducido, que decidió los asedios de plazas hasta entonces inexpugnables (más de doscientas piezas fueron empleadas en el asedio de Málaga en 1487). Por otra parte, los gru-pos de combatientes alemanes y suizos que participaron como mercenarios, “preludiaban el ejército permanente, cuyas ventajas para los intereses de la Corona percibió enseguida Fernando”87. Existió una primera logística que aseguró el abastecimiento (almacenes de víveres, hornos para el pan) y la novedad de un hospital de campaña. La disponibilidad de material permitió acciones de zapadores que con palas y picos trazaron la apertura de caminos en terrenos sumamente irregulares. También es bien conocido el efecto que tuvo en los granadinos la rápida y sólida edificación del campamento de Santa Fe. Desde esta perspectiva, Granada fue al mismo tiempo “la última guerra medieval y la primera moderna”88. Las acciones de don Alfonso de Aguilar, como las del resto del linaje, se explican bien dentro de los cánones marcados por la guerra contra el moro, quedando en las crónicas registradas sus hazañas personales: el auxilio a la fortaleza de Alhama, la toma del cerro que facilitaría el primer cerco de Loja, los saqueos y talas de la vega granadina y, poco después, en marzo de 1483, el desastre de La Ajarquía en donde corrió peligro de perder la vida. Si el mérito de la captura de Boabdil, en Lucena, era de sus parientes el Alcaide de los Donceles y el conde de Cabra, a don Alonso le correspondió la muerte de Aliatar el suegro del Rey Chico. Se sabe que intervino en el ataque a la fortaleza de Tájara por orden del rey, en la conquista de Setenil en septiem-bre de 1484, y en las campañas de 1486 que permitieron la adquisición de Loja y otras fortalezas de la Vega. Como en tiempos de sus antepasados, al 85 Quatrefages, René: La revolución militar moderna, op. cit., p. 48. 86 Quero Rodiles, Felipe: “La impronta del Gran Capitán en el ejército español”, en El Gran Capitán. De Córdoba a Italia al servicio del rey, op. cit., pp. 102-103. 87 Martínez Ruiz, Enrique: “El Gran Capitán y los inicios de la “Revolución militar” española”,op. cit., p. 164. 88 Suárez Fernández, Luis: Los Reyes Católicos. El tiempo de la Guerra de Granada, op. cit., p. 84. Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2015, pp. 13-44. ISSN: 0482-5748


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