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RHM_extra3_2015_500 años Gran Capitán

76 CARLOS JOSÉ HERNANDO SÁNCHEZ los nuevos desafíos bélicos y marítimos111. A partir de 1479, coincidiendo con la sucesión de su padre en la Corona de Aragón, se desarrolló el designio de Fernando de cerrar el dominio del Mediterráneo Occidental, con el mar Tirre-no como núcleo de la navegación reservada a sus súbditos, tal y como había perseguido Alfonso V. Ese designio se tradujo en la defensa los derechos de la nueva monarquía dual sobre las costas del Norte de África frente a Portugal en el tratado de Tordesillas -ratificado por una bula de Alejandro VI- y en el plano económico, en el retorno de los mercaderes catalanes a Alejandría como meta de la ruta de las especias que facilitaba un acercamiento diplomático al sultán mameluco de Egipto frente al común adversario otomano112. En las décadas siguientes Fernando e Isabel activaron los recursos territo-riales y marítimos de la Corona de Aragón para asegurar la defensa de Sicilia y Cerdeña mientras apoyaban a los caballeros de la Orden Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, dispensándolos, por ejemplo, de participar en la guerra de Granada a fin de concentrar sus fuerzas contra los turcos. Los soberanos espa-ñoles se esforzaron también en establecer guarniciones avanzadas en las islas de Malta, Gozzo y Pantelaria, que constituían la barrera del estrecho de Sicilia, incluso, en la alejada Djerba –la mítica isla de Los Gelves, que tantas hazañas españolas había de presenciar-, al sur de Túnez, como puesto avanzado de la frontera africana que ya había sido objetivo de Alfonso V de Aragón. Esa lí-nea defensiva en el Mediterráneo central requería una flota para la que, como hemos visto, era necesaria la colaboración de otros estados italianos, finalmen-te sólo materializada en episodios menores que, una vez más, confirmarían la estrecha dependencia entre las directrices de la Corona y los intereses de sus agentes. Así lo demostraría la actuación de Bernat Villamarí en la defensa de las costas de la República de Florencia, a la que no fue ajeno el entramado mercan-til de los reinos españoles en esa zona vital para los flujos económicos europeos y para la comunicación entre España y Nápoles a través de una navegación aún prioritariamente de cabotaje113. En función de la lógica territorial de la Corona de Aragón se configuró un dispositivo militar y diplomático que seguiría vi-gente en sus líneas básicas bajo la Casa de Austria. Se trataba de facilitar una respuesta flexible a la creciente presión otomana y a los focos inestables que pudieran surgir en Italia o en África, pero también de hacer posible la agrega-ción de nuevos territorios, como el reino de Nápoles. El artífice de ese dispositi- 111 Vid. Suárez Fernández, Luis, “Política mediterránea”, p. 198. 112 Vid. L. Suárez Fernández, “Política mediterránea”, p. 199. 113 Vid. Dini, Bruno, “Mercaderes españoles en Florencia”, en Ballesteros Caballero, Floriano (dir.), Actas del V Centenario del Consulado de Burgos (1494-1994), Diputación Provincial de Burgos, Burgos, 1994, pp. 321-347 y, con carácter general, Manca, Ciro, “Colonie iberi-che in Italia nei secoli XIV e XV”, Archivio Storico Italiano, 115, 1957, pp. 182-187. Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2015, pp. 45-114. ISSN: 0482-5748


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