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EL SOLDADO POLÍTICO: EL GRAN CAPITÁN Y LA ITALIA DE LOS ... 81 bordaba las alianzas tradicionales. Por otra parte, la ofensiva otomana de 1480 obligó a Fernando a planificar el reforzamiento de la retaguardia que para sus bases de operaciones en el Mediterráneo central representaba Cerdeña. Con tal fin, ese mismo año se intentó recuperar el proyecto de Alfonso V de agre-gar Córcega al patrimonio de la Corona de Aragón –postergado por el Mag-nánimo para acometer la empresa de Nápoles-, lo que, como en anteriores ocasiones, ocasionó el enfrentamiento con Génova. Pese a todo, el proyecto fallido del virrey sardo Escrivá de Romaní de ocupar el estratégico puerto corso de Bonifacio en 1480 se repetiría en 1486 y 1487. Paralelamente, el monarca español buscó la negociación con las repúblicas mercantiles y ofre-ció la protección de los intereses financieros genoveses en Sevilla, así como la de los venecianos para participar en la lucrativa ruta comercial de Castilla a Flandes. Todo ello debía complementar los dos objetivos prioritarios: el desa-rrollo de la flota aragonesa -que, al mando de Bernat Villamarí, mantuvo una intensa actividad en el Mediterráneo central- y la intervención en Nápoles, desde la defensa de sus derechos de sucesión hasta la actuación económica -a través del monopolio del comercio de la sal que Fernando reclamaba- y política, mediante el matrimonio de su hermana Juana con Ferrante I en 1477. La injerencia española en los asuntos napolitanos culminaría con motivo de la revuelta de los barones del reino contra Ferrante en 1485 y la subsiguiente represión que éste desencadenó hasta 1487, contra la palabra dada a sus vasa-llos con el aval de los soberanos españoles, origen de la quiebra de confianza de Fernando y, al parecer, sobre todo de Isabel, en el monarca de Nápoles132. Otranto se proyectó durante años en la defensa de las costas italianas que volvió a cobrar fuerza en 1484, al llegar nuevos informes de una in-vasión turca contra Sicilia. En esa ocasión, coincidiendo con las primeras fases de la guerra de Granada, Fernando apeló, sin éxito, a las Cortes de la Corona de Aragón y planteó desviar a Sicilia la flota de bloqueo del reino nazarí. Aunque la invasión otomana no llegaría a materializarse, brindó la ocasión para trazar un programa defensivo de la isla a largo plazo que tendía a convertir Sicilia en el baluarte o antemural de la Monarquía, una función militar que iba a culminar en la siguiente centuria. En 1485 se encargó un programa de reformas a uno de los primeros exponentes de la larga estirpe de nobles ingenieros al servicio de la Monarquía, Juan de Valguarnera, barón de Azzaro, quien redactaría un detallado informe para transformar Sicilia en una gran fortaleza, signo de que el Rey estaba pensando ya en una defensa estática ante las dificultades de movilizar la 132 Vid. Suárez Fernández, Luis, Los Reyes Católicos. El tiempo de la guerra de Granada, Rialp, Madrid, 1989, pp. 9-68, 167-204 y 283-315 y Ochoa Brun, Miguel Ángel, op. cit., pp. 86-133. Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2015, pp. 45-114. ISSN: 0482-5748


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