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88 CARLOS JOSÉ HERNANDO SÁNCHEZ en el Mediterráneo Central162. Sin embargo, la expansión norteafricana se vio nuevamente obstaculizada por el desastre de García de Toledo en Los Gelves en 1510 y por las prioridades de la política italiana que conducirían a la intervención en el centro y norte de esa península, en el marco de la Liga Santa contra Francia entre 1511 y 1515163. El interés del Rey Cató-lico por reforzar su dominio sobre el Mediterráneo Occidental se centró entonces en su vertiente septentrional, en función de una política italiana que abarcaba ya desde Nápoles hasta Lombardía y en la que, como había constatado Gonzalo, resultaba vital el control de las costas toscanas. Así lo reflejarían las capitulaciones firmadas en 1512 con el señor de Piombino, Iacoppo V de Appiano y Aragón, para asegurar ese vital enclave -que ya había intentado ocupar el Gran Capitán- en la ruta de Nápoles con España, a través de una estrecha alianza feudal, mercantil y militar164. El ideal de cruzada siguió vivo para sellar la unidad de la herencia es-pañola e italiana, defendida por Fernando en los últimos años para su nieto Carlos165. El ritorno all’Antichità propugnado por Alfonso V de Aragón en la esfera política para cerrar el dominio del Mediterráneo y la metáfora de las flechas utilizada por Flaminio para representar la continuidad de ese de-signio expansivo parecían más actuales que nunca al final del reinado del Rey Católico. Éste sería representado como un guerrero clásico en la estan-cia del Incendio del Borgo en el nuevo apartamento pontificio de Julio II en el Vaticano, junto a las imágenes de otros príncipes cristianos distinguidos por su lucha caballeresca contra los infieles, como Carlomagno o Godofredo de Bouillon, bajo la inscripción Ferdinandus Rex Catholicus, Christiani Im-perii Propagator166. A modo de un nuevo Constantino, en él podía depositar 162 Vid. Priego López, Juan, Pedro Navarro y sus empresas africanas, CSIC, Instituto de Es-tudios Africanos, Madrid, 1953; Morales Muñiz, María dolores Carmen, “Aportación a la política africana de Fernando el Católico: Bujía”, en Estudios de Historia Medieval en Ho-menaje a Luis Suárez Fernández, Universidad de Valladolid, Valladolid, 1991, pp. 361-373 y Ochoa Brun, Miguel Ángel, Historia de la diplomacia española, vol. IV, pp. 356-361. La proyección oriental de esas últimas expediciones constituyó durante un tiempo una expec-tativa real, como atestigua la propuesta de Pedro de Urrea al ser nombrado embajador en la corte de Saboya en 1509 para conquistar Chipre como base de un desembarco ulterior en los territorios otomanos. Vid. Ochoa Brun, Miguel Ángel, op. cit., vol. IV, p. 360. De hecho, en las Cortes conjuntas de la Corona de Aragón, reunidas en Monzón en 1510, el monarca logró un cuantioso donativo para proseguir la empresa africana. Vid. Zurita, Jerónimo, Historia del rey don Hernando…, t. 5, IX, XIV, pp. 53-54. 163 Vid. Hernando Sánchez, Carlos José, El reino de Nápoles en el Imperio de Carlos V…, pp. 182-208. 164 Vid. Archivo General de Simancas, Estado, leg. 1049-79. 165 Vid. Ochoa Brun, Miguel Ángel, op. cit., vol. IV, p. 369, n. 1363. 166 Vid. Sesma Muñoz, José Ángel, “Ser rey a finales del siglo XV”, en Sarasa, Esteban (coord.), Fernando II de Aragón el Rey Católico, Institución Fernando el Católico, Zaragoza, 1996, pp. 109-121 y Morte García, Carmen, “La iconografía real”, ibidem, pp. 143-180: 163-164, Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2015, pp. 45-114. ISSN: 0482-5748


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