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REVISTA DE HISTORIA NAVAL 133

eclesiásticas, ávidas de solemnidades y exhibiciones de devoción (13). En segundo lugar, se trataba de una población musical juvenil, que en buena parte aún no había alcanzado la mayoría de edad (14). Entre los nombres registrados en el período, contamos con 2 mozos de catorce años, 1 de dieciocho, 2 de diecinueve, 6 de veinte y 5 de veintidós. En total, dieciséis menores de edad frente a veinticuatro mayores, lo cual supone una proporción del 40 por 100. Esto es, casi la mitad de los ministriles de la flota eran menores. Entre los menores de edad, la media estaba en 20,25 años; entre los mayores, no podemos saberlo, ya que la documentación no lo especifica. En cualquier caso, es obvio que este trabajo era asumido por el sector más joven de los ministriles sevillanos, aquellos sin cargas familiares ni ataduras, en la plenitud de sus fuerzas y de su vigor, lo cual concuerda con el grado de riesgo y aventura que se presuponía a un viaje trasoceánico hacia un Nuevo Mundo aún en construcción. No obstante su juventud, no debemos dar por supuesto que estos ministriles fueran todavía inexpertos. Adquirían su formación mediante una instrucción no reglada, concertada a título privado. Muchos de ellos procedían de familias que ejercían el oficio, y otros recurrían a servir como aprendices de un ministril prestigioso durante un período de cuatro o cinco años, siguiendo fielmente el modelo de los oficios artesanales. Puesto que la media de edad para iniciarse en la profesión parece rondar los quince años, en torno a los veinte la mayoría de los ministriles ya habían finalizado su período de aprendizaje y se podían considerar oficiales. De hecho, los dos mozos de catorce años que fueron como ministriles en la flota de 1584 eran hijo y aprendiz del ministril que actuaba como avalista o fiador del contrato: «… otrosí los dichos Gaspar de Medina y Juan Jiménez consentimos y avemos por bien que el dicho señor general pueda pagar y pague los dichos ciento y setenta ducados que cada uno e nos avemos de aver con más todo lo que nos pertenesciere y uviéremos de aver por este dicho concierto a el dicho Gerónimo de Medina (13) BEJARANO PELLICER, Clara: El mercado de la música en la Sevilla del Siglo de Oro. Fundación Focus-Abengoa–Universidad de Sevilla, 2013, pp. 549-552. (14) La cual se situaba por entonces en los veinticinco años. A partir de los dieciocho (las mujeres) y de los veinte (los hombres) se podía solicitar la capacidad jurídica. MARCHANT RIVERA, Alicia: «El prohijamiento, la tutela y la carta de aprendiz: instrumentos para una historia de la situación del menor en Málaga durante la primera mitad del siglo XVI», en BRAVO CARO, Juan Jesús, y SANZ SAMPELAYO, Juan (dirs.): IX Reunión Científica de la Fundación Española de Historia Moderna. Población y grupos sociales en el Antiguo Régimen, vol. II, Universidad de Málaga, 2009, pp. 943-955; NÚÑEZ ROLDÁN, Francisco: «Fuentes y metodología para el estudio de la infancia rural: las tutelas y cuentas de menores en los siglos XVI y XVII», en ÍDEM (coord.): La infancia en España y Portugal, Sílex, Sevilla, 2011, pp. 133-148; MERCHÁN ÁLVAREZ, Antonio: La tutela de los menores en Castilla hasta fines del siglo XV, Universidad de Sevilla, 1976, p. 224; ROJO VEGA, Anastasio: «Los menores de edad en el Valladolid del Siglo de Oro», en Investigaciones Históricas. Época Moderna y Contemporánea, núm. 15, Universidad de Valladolid (Departamento de Historia Moderna, Contemporánea y de América), 1995, pp. 175-194. AÑO 2016, SUPLEMENTO N.º 23 A LA REVISTA DE HISTORIA NAVAL. Núm. 133 13


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