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REVISTA DE HISTORIA NAVAL 133

Las garantías Relacionadas con los ministriles estuvieron las personas que ocasionalmente se presentaron como fiadoras o avalistas, las cuales se comprometían a responder pecuniariamente en caso de que los músicos incumpliesen lo pactado. Los términos en los que se describe su responsabilidad son los propios de una tutoría legal: «… obligo que los dichos ministriles se embarcarán con el dicho señor general para yr el dicho biaje en el puerto de Sanlúcar de Barrameda o en Cáliz donde se les mandare e que yrán el dicho biaje y donde no el que dellos se quedare por embarcar y no fuere el dicho viaje bolverá e tornará aquello que oviere recibido y se le oviere entregado donde no yo como tal su fiador e principal pagador o bolberé e pagaré a el dicho señor general o a quien causa suya oviere en esta ciudad de Sevilla llanamente como deudor y pagador que dello me constituyo y por ello se me pueda executar…» (27). Tales avalistas no aparecen en todos los contratos y su presencia no estaba necesariamente relacionada con la minoría de edad de sus avalados. En los primeros conciertos, en torno al cambio de siglo, los fiadores son recurrentes; entrado ya el siglo XVII, dejan de figurar en los documentos. En cuanto a su perfil, los ejemplos de que disponemos responden a vinculaciones de tipo doméstico: se trataba de los padres o maestros de alguno de los músicos menores de edad. Puesto que algunos de ellos también eran ministriles, se comprende que estuvieran familiarizados con las costumbres del negocio y se prestaran a respaldar a sus discípulos en la forma en que los documentos exigían. En concreto, destacaremos los significativos ejemplos de Jerónimo de Medina y Andrés de Arroyo, ministril de la capilla de la catedral de Sevilla y ministril extravagante (28), respectivamente. Ambos eran figuras descollantes en el oficio en Sevilla y contaban con una red de ministriles bajo sus órdenes, por lo que se les presume una estabilidad económica que les hacía idóneos para actuar como fiadores de sus discípulos. Es de mencionar especialmente que Jerónimo de Medina percibía un salario fijo de la fábrica de la catedral de Sevilla que dos años antes, en 1582, montaba 67.500 maravedíes y 60 fanegas de trigo al año (29). Andrés de Arroyo, por su parte, no era (27) AHPS, PNS, of. 21, leg. 14312, libro 6.º de 1584, 8 de septiembre de 1584, ff. 1000r-1003v. (28) Por ministriles extravagantes se entiende aquellos que no pertenecían a ninguna capilla ni trabajaban de forma estable al servicio de una institución percibiendo una nómina, sino que ejercían su oficio libremente. El vocablo también se aplica a las actuaciones de los músicos de las instituciones cuando tenían lugar fuera de estas. Es un término en vigor todavía en el siglo XVIII e incluido en el Diccionario de autoridades. RUIZ JIMÉNEZ, Juan: «Ministriles y extravagantes en la celebración religiosa», en Políticas y prácticas musicales en el mundo de Felipe II, pp. 199-239. (29) Archivo de la Catedral de Sevilla (ACS), sec. IV, Libro de salarios 324, p. 100v. 16 SUPLEMENTO N.º 23 A LA REVISTA DE HISTORIA NAVAL. Núm. 133


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