Page 157

REVISTA DE HISTORIA NAVAL 133

contratación de sustitutos de forma que para el general no supusiese pérdida económica alguna («… y sy no hiziéremos y cumpliéremos lo susodicho consentimos quel dicho general se pueda concertar con otros ministriles y personas que en nuestro lugar lo cumplan y por lo que más os costare de como ansí nos dáis y por las costas y gastos que se os siguieren y recrescieren por todo y cada cosa dello consentimos que nos podáis executar…»). En cualquier caso, como alternativa y medio de presión para que se retractasen, se contemplaba el encarcelamiento de los ministriles que rechazaran cumplir su parte del trato: «… pueda usar deste medio el dicho señor general o nos apremiar con prisión a que todavía hagamos y cumplamos el dicho viaje e tornaviaje» (36). Indefectiblemente, los ministriles de la compañía debían comprometerse a cumplir el contrato mancomunadamente, esto es, cada uno de ellos sería responsable de ello con independencia de la actuación de los demás. Para que no hubiera remisión posible, en el propio contrato ya debían renunciar por anticipado a cualquier subterfugio legal con que eludir esa responsabilidad: «… todos tres juntamente de mancomún y a voz de uno y cada uno de nos por sí y por el todo ynsolidum renunciando como renunciamos las leyes de duobus rex debendi y el auténtica de presente fide jusoribus y el beneficio de la división y escusión y las demás leyes y derechos de la mancomunidad como en ella se contiene» (37). Los propios ministriles estaban tan expuestos a la responsabilidad pecuniaria resultante de la negligencia de sus compañeros que en ocasiones firmaron en paralelo sus propios compromisos internos. Por ejemplo, el 17 de enero de 1612, antes de protocolizar su acuerdo con el general de la flota de Indias, los cuatro ministriles que iban a viajar con la de Tierra Firme se obligaron conjuntamente a no dejar al grupo en la estacada ni robarse entre sí el contrato junto con otros ministriles de la competencia, so pena de 20.000 maravedíes. Se trataba de un grupo muy joven —tan solo uno de ellos era mayor de edad —(38). Lejos de tratarse de una excepción, en 1617 encontramos otro ejemplo, suministrado por cuatro ministriles que ni siquiera contaban con perspectivas reales de convertirse en los titulares de la flota de Indias: «… desimos por quanto entre nosotros está acordado de yr nel primero viaje de flota o galeones que se partieren de compañía para las Yndias sirbiendo el dicho nuestro arte». La pena que preveían para quien rompiese el acuerdo había descendido a 40 ducados (15.000 maravedíes) y no sería repartida entre los perjudicados, sino que se destinaría como limosna a la cofradía sacramental de la parroquia de San Lorenzo de Sevilla, de la que buena parte de ellos serían vecinos. Puesto que se trataba de un acuerdo sobre una posibilidad remota, se contemplaban eventuales mudanzas de parecer: «... con declaración que si caso fuere que alguno o algunos de nosotros queramos quedarnos en España e no pasar- (36) Ib., of. 14, leg. 8472, libro 4.º de 1600, 16 de octubre de 1600, ff. 256r-258v. (37) Ib., of. 6, leg. 4288, libro 2.º de 1623, 10 de marzo de 1623, cuaderno 5.º, s/f. (38) Ib., of. 4, leg. 2459, libro 4.º de 1611, 17 de enero de 1612, ff. 1309v-1210r. 18 SUPLEMENTO N.º 23 A LA REVISTA DE HISTORIA NAVAL. Núm. 133


REVISTA DE HISTORIA NAVAL 133
To see the actual publication please follow the link above