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REVISTA DE HISTORIA NAVAL 133

tana» (58). Hasta los años veinte del seiscientos no veremos crecer de nuevo los salarios hasta más de 70 ducados por persona (en 1621) e incluso los 162 por cada uno en 1623, claro que entonces la plantilla se había reducido a tres hombres. En resumidas cuentas, el salario oficial y el presupuesto en música fueron recortándose con el tiempo, aunque no podemos ponderar cuántos ingresos subintelectos llevaba aparejados el cargo de ministril de la nao capitana. Por lo pronto, sabemos que el salario de ministriles era independiente del salario y raciones que la Monarquía pagaba a los trompetas de las naves, y que los ministriles cobraron en su lugar en las flotas de Indias, a juzgar por los términos de los documentos: «… y esto es demás y allende del sueldo ordinario que da su magestad a los trompetas que son çinco ducados cada mes por nuestras plaças que hemos de yr sirviendo de ministriles en la dicha nao capitana y la ración ordinaria que se suele dar en semejante viaje» (59). De hecho, es posible que el salario de 1584 fuera tan abultado respecto a los demás porque ya contemplase parte de esos complementos. Lo cierto es que los músicos cedieron al general el derecho de cobrar cualquier otro salario por el mismo trabajo: «… y por estos el dicho señor general a de aver y cobrar para sí el sueldo y pipa de bino que su magestad da a los ministriles de la dicha flota y otra qualquier raçón y sueldo que uviéremos de aver y otras cosas que por esta raçón uviéremos de aver y el dicho señor general lo a de poder cobrar para sí como cosa suya». El contrato de 1584 es tan detallado que incluso explicita que los meses posteriores al primer año de ausencia se pagarían proporcionalmente: «… si otro más tiempo alguno estuviéremos hasta llegar a esta ciudad y estar desembarcados en ella el dicho señor general nos a de pagar sueldo y rata de los dichos ciento y setenta ducados cada un año a cada uno de nos». El salario acordado en 1584 no era nada despreciable, puesto que 170 ducados al año (63.750 maravedíes) casi podían homologarse con los salarios de la élite instrumental, es decir, los ministriles que la catedral de Sevilla tenía en nómina, que en aquellos años ochenta, salvo en un caso, no cobraban más de 67.500 maravedíes al año, aunque con complementos en especie (60). Para unos jóvenes recién formados era una promesa demasiado tentadora, tanto más cuanto que el general se comprometió a asignar al grupo un salario de paje a bordo para repartir entre sí, con contrapartida laboral o no: «… y si no sentare en la dicha plaça ni pagare la dicha raçión y sueldo el dicho señor general y su fiador nos a de pagar el sueldo que se suele y acostumbra dar e diere a qualquier paje que va de la dicha flota». Decididamente, el salario oficial no era el único ingreso que el viaje prometía, sino que todo ministril se embarcaba con la expectativa de prestar servicios extraordinarios, en principio no de naturaleza musical, puesto que sus servicios como ministriles estaban monopolizados por la nao capitana, tal (58) Ib., of. 8, leg. 5447, 25 de febrero de 1605, ff. 296v-298r. (59) Ib., of. 19, leg. 12629, libro 3.º de 1604, 4 de mayo de 1604, f. 568. (60) ACS, sec. IV, Fábrica, Libro de salarios 324, ff. AÑO 2016, SUPLEMENTO N.º 23 A LA REVISTA DE HISTORIA NAVAL. Núm. 133 23


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