Page 167

REVISTA DE HISTORIA NAVAL 133

voluntarios obedeció a que estas expediciones cumplían una función en las estructuras formativas del oficio de ministril en la Sevilla puerta de las Indias. Las flotas de Indias supusieron una válvula de escape para la presión demográfica musical en tan efervescente metrópoli, al emplear anualmente a sendos equipos de jóvenes recién formados, menores de edad, que todavía estaban buscando su lugar en el mercado laboral de la música. Muchos ni siquiera formaban parte de ninguna compañía previamente, de forma que la aventura de las Indias supuso para ellos un escenario real en el que consagrarse como oficiales músicos sin la supervisión o protección de sus maestros. De hecho, lo hicieron en un medio que podía volverse muy hostil, como atestigua la cantidad de naufragios y asaltos que pueblan las páginas de la historia de la Carrera. A su regreso, la generalidad de ellos rozarían la mayoría de edad y estarían plenamente capacitados para desenvolverse en un desplazamiento de recorrido andaluz con objeto de prestar un servicio musical, adaptándose a demandas tanto civiles como militares, religiosas y profanas. Por otro lado, queda claro que sus funciones en las flotas de Indias estuvieron sujetas a un servicio personal al general. Con pleno sentido de la jerarquía militar, los músicos se prestaban a todo aquello que este les demandara. Los indicios invitan a pensar que se les empleó tanto en el mar como en tierra, así en funciones prácticas como ceremoniales, teniendo como destinatarios ora a los marineros, ora a los soldados, aunque queda fuera de toda duda que los músicos seguían prestando a bordo la misma ayuda que en la plena Edad Media en lo que a navegación se refiere. Por ende, no debe sorprendernos que unos músicos de viento-madera, propios del fasto público urbano y con carácter más bien municipal, acabaran formando parte de la plantilla necesaria para una expedición naval. Si bien tradicionalmente eran los trompetistas los que desempeñaban las funciones de comunicación entre navegantes y los que tenían connotaciones militares, en el período investigado los ministriles, con sus chirimías y sacabuches, los habían desplazado y habían absorbido el salario de aquellos gracias a su mayor adaptibilidad. La copia de ministriles se había convertido en la formación musical más versátil y abundante, pues en el aparato festivo urbano se había demostrado capaz de interpretar repertorio religioso y profano, en interiores y en exteriores, con mejor formación cultural y técnica que los trompetistas y con connotaciones de mayor sofisticación que estos. Los generales de las flotas prefirieron emplear el presupuesto disponible en hacerse con una copia de ministriles porque estos, a la hora de hacerse oír, podían ser tan eficaces como los trompetas y además interpretar una música más refinada que tendría buena inserción en ceremonias litúrgicas (87), lúdicas y de exaltación de la autoridad. En definitiva, los ministriles podían adoptar todos los registros necesarios en cualquier contexto, y con ellos la flota llevaba consigo al Nuevo Mundo las sonoridades del mundo urbano peninsular. (87) Consúltense los cultos a bordo en el Siglo de Oro en GIL MUÑOZ: La vida religiosa..., pp. 145-150. 28 SUPLEMENTO N.º 23 A LA REVISTA DE HISTORIA NAVAL. Núm. 133


REVISTA DE HISTORIA NAVAL 133
To see the actual publication please follow the link above