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REVISTA DE HISTORIA NAVAL 133

LA VERDADERA HISTORIA DEL SAN IGNACIO DE LOyOLA, ALIAS EL GLORIOSO «… con mi arrivada le franquee bien su Costado, y le disparé todas las dos Baterías de la banda de Estribor, y el me correspondio con las suias, reconociendo heran sus valas de a 12, le desarbolé del Mastelero de sobremesana, y arribó, por lo que consideré, yba bien yncomodado, pues no bolvio á entrar más en funcion». Tras haberse deshecho de dos de sus perseguidores en pocos minutos, el capitán De la Zerda no iba a consentir que el enemigo le arrebatara la iniciativa. Lo más fácil habría sido aprovechar la oscuridad de la noche para dejarlos atrás. Sin embargo, el comandante español tenía muy claro lo que debía hacer. Con gran seguridad, como si llevara días planeándolo, viró su barco en redondo y se dirigió, manteniendo el barlovento, directo a por el que, pensaba, era el buque insignia enemigo. «… viré de bordo por redondo para ir sobre el que hacia de Comandante, y teniendolo por mi sotavento, arrivé sobre el poniendome amedio tiro de fusil, le di una descarga cerrada con ambas baterias de la Banda de bavor, del Alcazar, y toda la fusileria, á que me correspondio, y luego que me hubo pasado viró de bordo por mi aleta de babor, arrivé para presentarle bien el costado, poniendome amedio tiro de Pistola de el, para que mis tacos pudiesen alcanzarle; y no desperdiciar tiro alguno…». La noche era oscura, pero durante el intercambio artillero las deflagraciones de la pólvora permitían que las tripulaciones de la Lark y el Montagu vieran los cascos de ambos barcos tan claramente como si hubieran estado iluminados a propósito. A las doce, los dos navíos se quedaron inmovilizados por falta de viento, así que no había disyuntiva: vencer, o perecer en el intento. A este respecto, merece la pena referir una anécdota relacionada con el capitán Messía, la cual deja bien a las claras que el pueblo británico, famoso por su proverbial flema, no tiene la exclusiva de esta virtud y así, el comandante español anotaba en su diario: «A la 12 de la noche se calmo enteramente el viento, y no hubo otra maior novedad que proseguir el combate y duro con el». En este momento del encuentro, también debemos referirnos a los ya mencionados egos, que de nuevo hicieron aparición. El enfrentamiento entre el Glorioso y el Warwick había comenzado alrededor de las diez de la noche. A las tres de la mañana, el cañoneo continuaba y, sorprendentemente, el capitán Crookshanks aún no había comparecido. Transcurridas cinco horas desde que el Glorioso descargase su primera andanada sobre el Warwick, el buque de Erskine seguía luchando a solas, sin ayuda alguna de su jefe. Como consecuencia del cuestionable comportamiento de este último, el Almirantazgo británico le sometería a un consejo de guerra, de resultas del cual sería expulsado con deshonor de la Royal Navy. A las tres y cuarto de la mañana entró «un poco de viento por el ENE». El capitán Erskine, considerando que había sufrido suficiente castigo, aprovechó el viento favorable y decidió alejarse del Glorioso. Pedro Messía había resultado victorioso. El Warwick, desarbolado de su «Mastelero maior, y de su Mastelero de juanete de velacho (…), salió bien estropeado», pues nada más Año 2016 REVISTA DE HISTORIA NAVAL 19


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