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REVISTA DE HISTORIA NAVAL 133

LA VERDADERA HISTORIA DEL SAN IGNACIO DE LOyOLA, ALIAS EL GLORIOSO rado un poco los orizontes», Pedro Messía volvió a divisar el cabo, ahora a una legua de distancia. Había llegado el momento de buscar un fondeadero seguro. Sus disposiciones para lograrlo quedarían reflejadas en su diario con las siguientes palabras: «Mande echar el Bote al agua y que fuese un oficial en el a tierra por practicos al Santo Christo de finisterra y me trajere practico, a las 5 de la tarde bolvio con 4 de ellos y 5 Barcos Pescadores que me remolcaron ayudados de mi lancha y Bote para entrar en la Ria de Corcubion donde a dicha Boca fondee, a las 8½ de la Noche en 16 brazas fondo de arena y lama suelta distante de la Villa de Corcubion ½ legua.» Si se leen detenidamente las palabras del capitán De la Zerda, y se observan las profundidades marcadas en el «Plano de la Ría o Puerto de Corcubion » que se adjunta, se infiere claramente que el buque había sido fondeado a la entrada de la ría, no en su interior. Según su declaración posterior, los continuos «vientos fuertes, por el nordeste» no le permitieron llegar «con inmediacion á la población de Corcubion». Finalmente, la noche del día 18 conseguía entrar en la ría, donde, hipotéticamente, quedaba protegido. La ría de Corcubión Sin embargo, el Glorioso corrió durante varios días serio peligro de ser abordado y de que su cargamento fuese tomado. y es que, aunque a comienzos de 1740 se había propuesto la construcción de cuatro baterías para la defensa de este magnífico fondeadero, y la construcción de las dos exteriores, denominadas del Cardenal y del Príncipe, se inició ese mismo año (11), los trabajos se abandonaron por falta de caudales cuando aún no se habían concluido siquiera sus basamentos. Así pues, cuando el Glorioso fondeó en la ría coruñesa en agosto de 1747, esta estaba huérfana de toda fortificación. En definitiva, el Glorioso había fondeado en el interior de un puerto sin defensas, quedando en una posición tan expuesta que obligó a su comandante a tomar medidas urgentes, y a toda su tripulación, a entregarse a una actividad frenética durante los días siguientes. Había que descargar el tesoro y transportarlo a un lugar seguro; construir fuertes en tierra con los que poder defender la entrada del estuario; dotarlos con cañones desmontados del propio navío, y reparar la arboladura de este. La ingente correspondencia que se generó durante la estancia del buque en Corcubión evidencia tanto las excelentes dotes organizativas de Pedro Messía como su gran capacidad de iniciativa. Por falta de espacio, no se relatarán todos los hechos ocurridos durante los casi dos meses que el navío estuvo fondeado en la ría gallega. Sin embargo, sí se debe mencionar que este período resulta de lo más interesante dentro del (11) Archivo General Militar de Madrid (AGMM), Colección General de Documentos, sign. 3-1-6-6. Año 2016 REVISTA DE HISTORIA NAVAL 23


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