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REVISTA DE HISTORIA NAVAL 133

LA VERDADERA HISTORIA DEL SAN IGNACIO DE LOyOLA, ALIAS EL GLORIOSO Pasado el mediodía, el capitán del buque que le perseguía, viendo que su treta no había dado resultado, «arrio la Vandera Dinamarquesa, y hizó la ynglesa roja». Se trataba del Darmouth, barco de guerra de 50 cañones cuyo comandante era john Hamilton. Al llegar a la distancia de tiro, sus cañones de proa comenzaron a tronar. Los situados en los guardatimones del navío español también entraron en acción. De la Zerda evaluó la situación y decidió aguardar a que su oponente le presentase su costado. Sin embargo, Hamilton, consciente quizá del menor peso de su andanada, no quiso en ningún momento exponer todo su banda, por lo que metió su gavia y juanete mayor en facha para frenar el buque, comenzando a disparar con sus baterías de estribor cuando su proa llegó a la altura del palo mayor del Glorioso: «En esta disposicion nos batimos con reciproco vivo fuego de Cañon, y fusil hasta la Tres, y minutos de la Tarde, que de ymprobiso le resultó la fatal desgracia de Bolarse; de modo, que de un instante á otro nos hallamos sin objeto con quien continuar el fuego, por averse reducido á pequeños quarteles esparcidos en el mar, y sobre ellos bimos algunos hombres, que aviendo livertado la vida de aquel orrible espantoso fracaso, pedían socorro con un Lienzo, ó Camisa blanca arbolada en un pedazo de hasta, ó remo» (15). El alférez Maseras también se lamentaba del trágico fin del buque enemigo, sobre el cual y sobre cuya tripulación da más detalles: «Cuyo adverso sucesso nos Causó tanta lastima, y dolor, que no Cave su explicacion aun en la mas significativa expresion: Era este Navío del porte de sesenta Cañones yngles nombrado el Darmurt; mandado por un Hermano del Duque de Amilton, Tenia Trescientos, y setenta hombres de Equipaje de los que solo escaparon Diez, y ocho hombres incluso un Theniente según despues me ha informado el mismo Theniente…». El teniente al que se refería Maseras era un joven irlandés apellidado OʼBrien. Gracias a una carta remitida posteriormente por el capitán Buckle, se sabe que este oficial era sobrino del conde de Inchiquin. john Hamilton, comandante del Darmouth, lo había enviado a la cubierta inferior para comunicar al jefe de la batería que cargara los cañones con metralla. Cuando se hallaba a medio camino, se le presentó el maestro artillero responsable de la santabárbara, quien, preso de una gran agitación, le preguntaba por la situación del comandante. El maestro, al ser interrogado por O’Brien sobre si ocurría algo, acertó a decir: «Oh, Sir; the magazine!». No hubo tiempo para más; en ese mismo instante se produjo una gran explosión. Al recobrar el conocimiento, el joven oficial se encontró flotando en el medio del océano, agarrado a una cureña. Recogido por la Prince Frederick, su primer saludo al capitán Dottin puso de manifiesto la proverbial flema británica: «Sir, you (15) AGS, SMA, leg. 400-1, 432. Año 2016 REVISTA DE HISTORIA NAVAL 29


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