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REVISTA DE HISTORIA NAVAL 133

AGUSTíN PACHECO FERNÁNDEz Tras más de tres horas de combate, los artilleros españoles comenzaron a echar en falta las municiones que su comandante había solicitado en Corcubión. Es de suponer que los responsables de autorizar el abastecimiento no consideraron oportuno llenar la santabárbara del buque para un trayecto tan corto. No fue un problema de falta de existencias, ya que en La Graña existía un almacén de pólvora con capacidad para 3.000 quintales. Este gran polvorín no solo estaba destinado a abastecer las naves de guerra que pasaban por el astillero, sino también a todos los cañones de los castillos y fuertes de la ría de Ferrol. CUADRO RESUMEN CON LOS PROyECTILES y CARTUCHOS DE PóLVORA SOLICITADOS POR PEDRO MESSÍA DE LA ZERDA PARA REEMPLAZAR LOS GASTADOS EN LOS COMBATES DE jULIO y AGOSTO Calibre Balas rasas Sacos de Metralla Palanquetas Cartuchos 24 600 150 160 700 18 650 180 180 750 8 225 40 45 300 Además de las cantidades expresadas, también se solicitaron 200 quintales de pólvora para encartuchar. Resumiendo, la dotación reglamentaria para el Glorioso estaba fijada en setenta disparos por cañón. El capitán Pedro Messía solicitó al llegar a Corcubión 1.475 balas rasas, 370 sacos de metralla, 385 palanquetas, 1.750 cartuchos y 200 quintales de pólvora adicional para cubrir la munición consumida en los combates de julio y agosto. Si se tiene en cuenta que el único suministro de estos pertrechos fue el realizado por medio de las cinco pequeñas embarcaciones de remos que fueron desplazadas a la ría coruñesa, ya de por sí atestadas de soldados, artilleros y víveres, efectivamente no parece que la cantidad entregada fuera la requerida. Por tanto, todo indica que, cuando el San Ignacio de Loyola inició su última singladura bajo pabellón español, llevaba poco más del 60 por 100 de la munición reglamentada. El informe posterior de las descargas efectuadas en los tres combates confirma este cálculo: «En todas Tres funciones se dispararon Dos mil, nueve Cientos, y Sinquenta tiros de Cañon». Es decir, si los pañoles de munición del navío hubieran ido al completo, sus cañones habrían podido efectuar casi 2.000 disparos más. En definitiva, hacia las cuatro de la mañana del 19 de octubre, la acuciante falta de metralla provocó que los pajes y grumetes comenzaran a rebuscar en los almacenes y cuartos de herramientas cualquier elemento metálico susceptible de ser empleado como proyectil. «A las tres horas, y media de Combate nos hallamos ya sin una Palanqueta, ni saco de Metralla, razon porque continuamos nuestro fuego con las balas de dos en dos en la Artillería, y metiendo en ella los pies de cabra de su servicio y alguna clavazon en lugar de la metralla, para mejor ofender al Enemigo». 32 REVISTA DE HISTORIA NAVAL Núm. 133


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