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REVISTA DE HISTORIA NAVAL 133

AGUSTíN PACHECO FERNÁNDEz lado el Mastelero Mayor, la Verga de Mesana, y sobre Mesana menos, la Verga Mayor con muchos balazos, la de Belacho rendida; los Palos principales amenazando ruina…». Cuando el capitán Buckle verificó que el fuego del buque español había cesado, ordenó a su comandante que se trasladara con un bote a bordo de su nave. Al estar los botes del Glorioso tan acribillados como los del Russell, los ingleses se vieron obligados a emplear uno de los pertenecientes a las fragatas. Cuando Pedro Messía subió al barco enemigo, pudo comprobar los enormes daños infligidos a su oponente. En el costado de babor eran incontables los impactos, algunos de ellos a la lumbre del agua; el palo de mesana estaba rendido desde su cofa, y el resto de los masteleros y juanetes, cosidos a balazos; la jarcia de labor y los obenques habían quedado destrozados, y la mayor parte de las velas, desgarradas. En cuanto a la cubierta y el alcázar, arrasadas y cubiertas de astillas, eran un calco de las de su propio navío. El maltrecho estado del Russell, y las conversaciones mantenidas posteriormente con su comandante y con un distinguido caballero que viajaba como pasajero en el mismo, hicieron reflexionar a De la Zerda sobre lo cerca que había estado de alcanzar la victoria: «y su Comandante nos aseguró, que estubieron en terminos de pasar á los dos Fragatas, y prender fuego al Navio por la mucha Agua, que hacia de un balazo á la lumbre de ella; cuyo daño se remedió por un famoso Buzo, que trahian». En cuanto a la confidencia del mencionado caballero, versaba sobre la delicada situación que se había vivido a bordo. Tras varias horas de enconada lucha sin advertir flaqueza por parte de los españoles, los oficiales debieron emplear medidas extremas para que una parte de la tripulación siguiera combatiendo. «Dijonos un Pasagero ynglés de distincion que venia en el Navio, que consternada su Gente en no querer continuar el Combate, fue preciso que los Oficiales con espada en mano les obligasen á proseguirle». Tras analizar objetivamente ambas revelaciones, cualquiera pudiera pensar que se trata de simples excusas con que maquillar lo que no dejó de ser una derrota, por honrosa que hubiese sido. De hecho, no hay ninguna mención por parte del capitán del Russell de dichas situaciones en los informes oficiales. Sin embargo, un mes después del enfrentamiento, con los ánimos ya serenados, Mathew Buckle remitía una carta personal a uno de sus íntimos en la que relataba algunos pormenores y anécdotas interesantísimas. Dos de sus comentarios vendrían a corroborar veladamente las declaraciones de Messía. Así, por ejemplo, Buckle confesaba al comandante Hills, destinatario de la misiva, que su barco era muy viejo y endeble y que, al recibir cinco impactos en la línea de flotación, le entraba tanta agua en el navío que se vio obligado a trasladar urgentemente los hombres a las bombas del barco, en tres o cuatro ocasiones. Pero también que, tras varias horas combatiendo, 34 REVISTA DE HISTORIA NAVAL Núm. 133


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