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REVISTA DE HISTORIA NAVAL 133

FEDERICO MAESTRE DE SAN JUAN PELEGRíN Una vez acabada la contrata con Llano, Orts y C.ª, y sofocados que fueron los pronunciamientos progresistas de febrero de 1844, cuyos núcleos más importantes fueron Alicante (2) y Cartagena (3), el Resguardo Marítimo fue estructurado por real orden de 14 de agosto de ese año. La orden iba firmada por Alejandro Mon (4), quien en esas fechas ocupaba el cargo de ministro de Hacienda, y en ella se desarrollaba otra de 10 de julio de ese año por la que se creaban cinco divisiones de guardacostas, que se repartían entre sí la vigilancia del litoral español, destinada cada una en un apostadero o cabecera donde radicaba su respectiva comandancia. Con esta asunción por parte del Estado del Servicio del Resguardo Marítimo se trataba de evitar la tremenda sangría que para el Erario suponía la continua introducción por costas y fronteras de productos ilícitos, en especial de tabaco americano y, en no menor medida, de hilaturas inglesas, que causaban una competencia desleal en un momento en el que en España, sobre todo en Cataluña, se mantenía (5) o se iba desarrollando una industria textil cada vez más importante que era necesario defender (6). ya desde 1842 la prensa se hacía eco de la aparición de nuevos centros de distribución del contrabando en el litoral norteafricano, denunciando la asiduidad con que arribaban barcos cargados con géneros de contrabando en Orán o Argel, focos de tráfico ilícito ya tan perjudiciales como Gibraltar (7). Por otro lado, la firma del tratado de comercio entre España e Inglaterra de 1843, con pusieron fuertes fundamentos para la lucha contra el bandolerismo, que se había enseñoreado de amplias zonas del país. Ahora se contaba con fuerzas especializadas en el mantenimiento del orden tanto en tierra como en el mar. Sobre la creación de la Guardia Civil, véanse THOMAS, Hugh: Historia de la Guardia Civil española, Grijalbo, Barcelona, 1976; LóPEZ GARRIDO, Diego: La Guardia Civil y los orígenes del Estado centralista, Crítica (Grupo Editorial Grijalbo), Barcelona, 1982, y MARTÍNEZ RUIZ, Enrique: Creación de la Guardia Civil, Editora Nacional, 1976. (2) La prensa de la época daba noticia de que los sublevados de Alicante tenían tres faluchos guardacostas, que usaron para bombardear a los buques del Gobierno. Estos, por su parte, también contaron con el concurso de otros seis guardacostas. El Católico, 15 y 19 de febrero de 1844, y La Posdata, 22 de febrero de 1844. (3) EGEA BRUNO, P.M.: «Los motines cartageneros de febrero-marzo de 1844», en Murgetana, núm. 91, 1995, pp. 57-67. (4) Fernando Garrido, político socialista español, llegó a calificar a Mon como el «Necker de su partido y como el hombre más grande y más útil al moderantismo que produjo la reacción de 1843». (5) Aunque en un grado mucho menor que en Cataluña, en otras partes de España también se desarrollaba una industria textil que tuvo en el contrabando uno de los factores que lastraron su producción. Véanse MARTIN GARCIA, j.j.: «Empresa y empresarios de la industria textil en la sierra de la Demanda durante el siglo XIX», en Anales de Estudios Económicos y Empresariales, vol. XVIII, 2008, pp. 125-171; OjEDA SAN MIGUEL, R.: «Cameros: una comarca puntera en el proceso de industrialización textil español», en Berceo, núm. 138, 2000, pp. 183-202; ROS MASSANA, R.: «La industria (1800-1919)», en HERNÁNDEZ DÍAZ, j.M., y AVILéS AMAT, A. (coords.): Historia de Béjar, vol. II, 2013, pp. 49-79. (6) NADAL I OLLER, j.: «Los Bonaplata: tres generaciones de industriales en la España del siglo XIX», en Revista de Historia Económica, núm. 1, 1983, pp. 79-95. (7) El Católico, 29 de septiembre de 1842. 42 REVISTA DE HISTORIA NAVAL Núm. 133


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