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REVISTA DE HISTORIA NAVAL 133

CHIARA MARIA MAURO «Sono soggetti alle traversie, e spesso si perdono de vascelli, à tal que essendo queste due Città si celebri, l’una capitale di regno, e l’altra di Signoria non si dovrebbe guardar a forte di alcuna spesa per far tai porti, quali convengono alla magnificenza di simili loghi, e alla quatità, e qualità de’ Vascelli, che in quelli entrano di continuo, essendo, che molte volte per paura de’ tristi Porti periscono i Popoli della fame, perche, ò le Navi no ‘arriscano à venir, ò si perdono nell’entrar, ò doppo Surrte in Porto la traversia l’anega, come spesso avviene in Civitavecchia » (24). Las palabras de Bartolomeo Crescenzio deben invitar a la reflexión a quien se aproxime al estudio de los puertos en la edad moderna. Conservan, por cierto, el eco del encendido debate que debió de desarrollarse durante estos siglos acerca de la «antropización» del paisaje costero. La seguridad de la cuenca portuaria de una ciudad no era ahora solo una cuestión de prestigio, sino que de ella dependía la supervivencia de la población y el florecimiento de su economía. Una mirada sobre el Mediterráneo español: los puertos de las Coronas de Aragón y Castilla (siglos XV-XVI) El debate del que se conserva eco en el manual de Bartolomeo Crescenzio tuvo que desarrollarse en España ya durante los siglos XV y XVI, lapso en que se registra una mejora sustancial en las estructuras portuarias, incluidas las de la vertiente mediterránea. El desarrollo de las rutas españolas en el Mare Nostrum había tenido lugar especialmente a partir del siglo XIII, cuando las armadas de los cruzados lograron romper las barreras políticas y económicas establecidas, quinientos años antes, por los sarracenos. De las consecuencias de las cruzadas y del aumento de la seguridad marítima supieron aprovecharse en particular las ciudades de la Corona de Aragón, que a partir de entonces establecieron relaciones comerciales con los centros del Mediterráneo occidental y oriental. Las interrelaciones de España con el Mediterráneo en el siglo XV se canalizaron sobre todo a través de los puertos de Barcelona, Valencia, Mallorca y Perpiñán. La ciudad de Barcelona, en particular, desarrolló un papel clave en la primera mitad del siglo, ya que gestionaba los intercambios con la zona magrebí, las islas y Levante. El puerto de Barcelona, naturalmente protegido por el promontorio de Montjuich y el estuario del Llobregat, conoció una notable mejora en el curso del siglo XV. Fue Alfonso V quien otorgó el permiso para el inicio de la construcción de las primeras infraestructuras portuarias, el 8 de diciembre de 1438. El monarca aragonés concedió al ayuntamiento, con carácter perpetuo, libre facultad para limpiar y desembarazar la playa, imponiendo el primer derecho (24) Ibídem. 68 REVISTA DE HISTORIA NAVAL Núm. 133


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