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REVISTA DE HISTORIA NAVAL 133

FRANCISCO FONT BETANzOS En febrero de 1931 comenzaron los trabajos preparatorios de la expedición, un proyecto que el capitán Iglesias acariciaba desde que en la primavera de 1929 recorriera la América hispana volando en el Jesús del Gran Poder: «Íbamos jiménez y yo en el avión. Debajo de nosotros aparecía y se ocultaba la plata del río Amazonas. Maravilloso y lujurioso espectáculo el de aquella inmensa selva, cruzada por el gigantesco río y sus afluentes. ¿Comprende? (...) Entonces tuve la inspiración del viaje y tracé la idea de esta aventura al alto Amazonas. y rápido y decidido ordené: Es necesario ir a explorar las selvas vírgenes del Amazonas». El objetivo del proyecto era llevar a cabo en la citada región una ingente labor investigadora —recorriendo 500.000 kilómetros cuadrados en un tiempo estimado de tres años, fraccionado en dos etapas de año y medio cada una—, cuyos trabajos se extenderían a múltiples ramas científicas: cartografía, meteorología, magnetismo, medicina, geología, botánica, mineralogía, zoología, geografía… Su progenitor sabía de lo complicado y costoso del proyecto, porque alcanzar las metas propuestas exigía un equipo humano altamente capacitado y profusión de elementos materiales, cuando la situación económica de España en ese momento no era la ideal para financiar un proyecto de ese alcance —debemos subrayar que, a diferencia de otros trabajos y misiones similares, la expedición del Ártabro no contaba con fuentes privadas de financiación—. Iglesias era consciente también de que, para que su plan fuera aceptado, era imprescindible que estuviera debidamente documentado y se reflejaran debidamente en el informe las metas a alcanzar. Desde el primer momento, Iglesias comprobó la escasez de datos científicos que se tenían del alto Amazonas, especialmente cartográficos, así como la carencia casi total de libros y documentos que pudieran contribuir al estudio de esa enigmática zona. Una importante aportación fue la prestada por las autoridades de los países por donde iba a discurrir la expedición (Brasil, Colombia, Ecuador y Perú). En España, ilustres personalidades como los doctores Marañón y Pittaluga apoyaron el proyecto desde el primer día. En mayo de 1932 finalizaron los trabajos necesarios para la redacción y publicación del proyecto definitivo, que junto a distintos informes elaborados por corporaciones y organismos científicos de España y América fue presentado por el jefe de la expedición al ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes, Fernando de los Ríos. El 16 de julio fue sometido a deliberación en las Cortes, que lo aprobaron por unanimidad. El decreto de 27 de agosto de 1932 que creó el patronato de la Fundación Nacional para Investigaciones Científicas y Ensayos de Reforma daba vida oficial al patronato de la Expedición Iglesias al Amazonas, que ya venía funcionando a título privado y que a partir de ese momento tendría el carácter de subpatronato. Esa Fundación Nacional había sido constituida por decreto de 13 de junio de 1931, convalidado y convertido en ley el 4 de diciembre del mismo año, firmado por el presidente del Gobierno provisional de la República, Niceto Alcalá-Zamora y Torres, y el ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes, Marcelino Domingo Sanjuán. 76 REVISTA DE HISTORIA NAVAL Núm. 133


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