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REVISTA DE HISTORIA NAVAL 133

JAIME ANTóN VISCASILLAS por el de «Profesores constructores e hidráulicos», sin equiparación militar. En los años siguientes se intenta reorganizar el cuerpo —se restablece por real orden en 1845—, pero este propósito no se hará efectivo hasta el 7 de julio de 1848, cuando se cree una nueva academia o escuela en el arsenal de La Carraca (San Fernando, Cádiz), siendo ya ministro de Marina don Mariano Roca de Togores, marqués de Molins. Pero dicha escuela, por falta de profesores, no llegó a entrar en funcionamiento, de modo que los integrantes de las cinco promociones correspondientes a esta etapa cursaron sus estudios en la Escuela de Construcciones Navales de la Marina francesa en Lorient, y realizaron las prácticas en los arsenales de Brest y Tolón. En 1860 se crea una nueva escuela de ingenieros en el arsenal de Ferrol, que tendrá continuidad hasta 1885, cuando se suspende su actividad docente (real decreto de 19 de agosto), si bien su cierre definitivo formal se demorará hasta 1896). En este centro se admitió también la figura del «alumno oyente» en la modalidad de libre, con derecho a examinarse y a obtener el título civil de ingeniero naval. Entre los alumnos destacados de la escuela de Ferrol se puede mencionar a don Andrés Avelino Comerma y Batalla (1842-1917), célebre ingeniero que alcanzó el generalato del Cuerpo de Ingenieros de la Armada. Fue autor, entre otros muchos proyectos, del famoso «Dique de la Campana» (o de San julián) del arsenal de Ferrol, fosa granítica de 145 metros de eslora, 27 de manga y 12 de calado que, inaugurada en 1879, está considerada la obra hidráulica más importante del siglo XIX. Otros alumnos destacados de dicha escuela fueron Miguel Rechea Hernández (promoción de 1882) y Nicolás Fuster Romero (promoción de 1883), que serían ingenieros directivos de la Sociedad Española de Construcción Naval (SECN), la más importante compañía del sector en el primer tercio del siglo XX. Las escasas promociones posteriores a 1885 estudiarían en universidades extranjeras y completarían su formación en la Escuela de Aplicación de la Armada, sita en San Fernando, donde se impartieron varias especialidades. Etapa intermedia sin escuela. Siglo XX, resurgimiento naval. Los programas de Maura-Ferrándiz (1908) y Dato-Miranda (1914 y 1915) Tras el Desastre del 98, catástrofe naval solo comparable a la derrota en Trafalgar (1805) y en la que Armada sufrió quizá la mayor pérdida de unidades (trece) de su historia, la Marina española iniciaba el siglo XX en un estado verdaderamente lamentable —por no decir caótico— tanto en el aspecto moral como en lo que a unidades operativas se refería, que a duras penas sumaban la irrisoria cifra de cuarenta. Esta precariedad inicial solo estuvo compensada gracias a los buques en construcción —diez en total— procedentes de los planes navales de Rodríguez Arias de 1887 y de Beránger de 1896, que irían entrando en servicio a lo largo de la primera década del nuevo siglo. 98 REVISTA DE HISTORIA NAVAL Núm. 133


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