UN CONCEPTO DE NUEVA IMPLANTACIÓN: EL ASSESSMENT - José María Inigo Simal teniente coronel de Caballería

MEMORIAL CABALLERIA 82

Doctrina, Táctica y Operaciones La sorpresa, probablemente, sea aún mucho más difícil de lograr como forma de pensamiento en el joven militar. Durante muchos años de sesudos planeamientos al detalle (aunque luego no aguan-tasen el primer envite del choque) y de obediencia acrítica, se ha hecho difícil compatibilizar esta forma de proceder con la sorpresa. En nuestro afán de controlar el mínimo movimiento de nuestras unidades, la sorpresa aparece más como un peligro que como una virtud. Lo que me sorprende, lo ignoro; y si lo ignoro, el peligro acecha. Así, poco a poco, vamos desterrando una de las virtudes que cacareamos en los reglamentos y finalmente, y esto es lo grave, terminamos con «dos delante y uno detrás». En las grandes victorias de la Historia, nunca fueron con ese despliegue, pero, para eso, nunca le tuvieron miedo al riesgo ni al empleo de la sorpresa. Hasta aquí, bien podría decirse que el resto de las Armas deben emplear de igual forma la sor-presa; sin embargo, frecuentemente seremos nosotros los que vayamos en vanguardia y tengamos mayor capacidad de maniobrar sorprendiendo al enemigo o... de reaccionar al ser sorprendidos por él porque no será el enemigo quien pretenda cumplir la línea de acción que nuestras S-2 le han di-señado, y nos sorprenderá, y serán las primeras unidades en contacto las que tengan que adaptarse Memorial de Caballería, n.º 82 - Diciembre 2016 73 a la realidad no prevista, y esos seremos nosotros. La variedad de las pruebas de la PARECA, su exigencia en aspectos físicos, tácticos, de cono-cimiento y de cohesión, hacen de este un concurso singular en el que la figura del jefe se somete a toda clase de erosiones. La humanización del jefe, del sargento también, le va a colocar en no pocas ocasiones ante sus hombres como un líder que se equivoca, o se cansa, o se desmorona incluso. Las decenas de decisiones a lo largo de la semana requieren de una cohesión que solo se logra tras haber convivido mucho juntos y en igualdad de condiciones, de haberse conocido, sufrido y reído. No existe la victoria sin estos ingredientes. Imposible. A medida que escribo me doy cuenta de la importancia que tiene difundir los éxitos del concep-to, del espíritu PARECA. Nuestra querida Arma, siempre en inferioridad numérica, siempre esti-rando el cuello para evitar su propia desaparición; pendiente de ser (o de no ser, «he ahí el dilema»), de demostrar, ¡de estar!, tiene un deber permanente de demostración de su excelencia. No hay otra. Hay dos elementos para nuestra supervivencia frente a los saturnos que vienen y van con inten-ción de devorarnos: la delimitación táctica de nuestras capacidades y el mantenimiento de nuestro espíritu exclusivo. Este espíritu lo tenemos, precisamente, en esta nueva versión de las PARECA. Esto es una escuela de oficiales, suboficiales y tropa. Una escuela de soldados dispuestos para ir a la guerra en cualquiera de sus vertientes, y, como tal, requiere nuestro máximo apoyo. El apoyo, en ocasiones, es tan sencillo como la ilusión de la organización o el público que jalea los éxitos y los traspiés de nuestros compañeros que, literalmente, se dejan la piel durante una semana de «sangre, sudor y hierro» representando a sus unidades y a toda el Arma. Nuestro espíritu nos ha llevado, no pocas veces, a una cierta discreción y a conformarnos con la sensación interna del éxito; con la «íntima satisfacción del deber cumplido», y eso es lo más importante. Sin embargo, hay más. Ahora no es tiempo de intimidades, sino de difundirlo, porque contarlo es apoyarlo, y darlo a conocer es, ni más ni menos, un beneficio para el Arma; por eso lo escribo.


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