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REVISTA HISTORIA MILITAR 112

GUERRA, EJÉRCITO Y RELIGIÓN DURANTE EL PRINCIPADO DE CONSTANTINO 161 dificultades que plantea reducir a conceptos actuales algunas realidades de la antigüedad, el propósito de estas líneas es comprender los hechos en tanto que descubren relaciones entre distintos agentes históricos: por una parte, los príncipes, y, por otra, el conjunto de tropas que les servían. Los empera-dores, sin un ejército, carecían de poder efectivo, y el ejército, sin un mando eficaz, tampoco era operativo. Las religiones sirvieron para consolidar las buenas relaciones entre Constantino y sus hombres armados, garantizándole al primero el imperio, y a los segundos, obedecer a un buen estratega que compensaba sus esfuerzos bélicos con la victoria y sus beneficios. El proceso de adhesión de Constantino al cristianismo estuvo condi-cionado por hechos de armas13. Por otra parte, casi siempre se ha estudiado el conjunto de las tropas romanas como un sujeto pasivo en relación con la política religiosa. Sirva como ejemplo de ello recordar que, a juicio de los autores cristianos, las huestes de Constantino servían a Dios y, que el empe-rador, progresivamente, procedió a su cristianización. Pero nada indica que esta fuera programática y que se diera por concluida. Es necesario destacar que los soldados romanos de la antigüedad tardía no conformaban una her-mandad devota, sino una fuerza cuyos fines eran vigilar, defender y atacar. Sus integrantes tenían presente el viejo ideario republicano, que pregonaba la libertas frente a la tiranía como primera aspiración política de cualquier ciudadano romano que se preciara de serlo. Sin embargo, la religiosidad es-taba presente en todos los ámbitos. El castrense no era la excepción, porque formaba parte de la vida pública y privada de los ciudadanos. Los dioses ofrecían la protección sobrenatural y la victoria a los combatientes a cambio de gestos de piedad tradicional. Responde este planteamiento a una concep-ción pragmática de la religión: los ritos servían para obtener beneficios de cualquier signo14. Desde el punto de vista ideológico, nada demuestra que se combatiera en nombre de los dioses o en tributo de ellos. No había, por tanto, «guerras de religión». En todo caso, su intervención, si consideraban que esta se hubiera producido, era tutelar. Aunque se suele destacar el protagonismo adquirido por la religión en la política constantiniana, más bien habría que considerar que el emperador debía su principado a sus tropas. Tanto su apoyo como su intervención, tal y como era propio en la época, tuvieron un profundo significado religioso. 13  Véase al respecto: MORENO RESANO, E.: «Constantino y su relación personal con el cris-tianismo: de la piedad tradicional a la conversión», en Ilu. Revista de Ciencias de las Religio-nes, Revista de Historia Militar, 120 (2016), pp. 161-198. ISSN: 0482-5748 18 (2013), pp. 175-200. 14  HELGELAND, John: «Roman Army Religion», en TEMPORINI, Hildegard; HAASE, Wol-fgang (eds.): Aufstieg und Niedergang der Römischen Welt, 16.2, De Gruyter, Berlín, 1978, pp. 1470-1505, esp. p. 1470-1473; SHEAN, John F.: Soldiering, op. cit., pp. 3-18.


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