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REVISTA HISTORIA MILITAR 112

168 ESTEBAN MORENO RESANO A pesar de las manifestaciones públicas, el discurso religioso oficial, sin embargo, no debía de suscitar gran entusiasmo entre las tropas. El pa-negírico de 307 se limita a recordar que la predilección de los dioses por Constantino se había declarado en sus victorias sobre los francos de ese mismo año, con las palabras Ab ipsis eorum regibus auspicatus es. Era un acto de justicia vindicativa, puesto que los bárbaros habían penetrado en suelo romano57. La acción bélica asume en este contexto un valor sagrado. No era una «guerra de religión», porque no se hace en nombre de los dioses, sino que su desenlace había adquirido un sentido religioso. Para sus solda-dos, Constantino resultaba ser un digno sucesor de su padre, cuya justicia y piedad continuaba practicando, correspondidas con el éxito militar. Para los romanos, la confianza en lo sobrenatural no estaba reñida con la eficacia bélica. Así lo hace notar el anónimo panegirista del año 310, cuando, en relación a la campaña de Constantino contra los bructerios en 308, comenta que atacó a estos bárbaros con emboscadas, en lugar de plantarles batalla en campo abierto, pero no por no confiar en Marte, sino por ser una estrate-gia necesaria para impedir su huída58. No en vano, las representaciones del dios de la guerra fueron frecuentes en las acuñaciones constantinianas de esta época59. Debía de ser una devoción particular de las tropas provinciales galas, tal y como evidencian algunos tipos monetarios posteriores, en los que aparece la representación de la divinidad rodeada por la leyenda Gloria exercitus Gallicani60. Estos hechos demuestran que Constantino abandonó pronto la dis-ciplina institucional tetrárquica y su ideología. Como se ha visto, ni él ni sus tropas se identificaban con ellas. Un acontecimiento lo propició. Fue una posible conjura urdida por Maximiano en su contra acabó en una breve contienda civil que se saldó con el cerco y la muerte de su suegro en Massi-lia61. Inmediatamente después tuvo que desplazarse de nuevo hacia el limes renano para hacer frente a una incursión de los francos. Las operaciones militares fueron exitosas, y el emperador se dirigió al conjunto templario de pero el pasaje en cuestión resulta desacreditado al afirmar que Maximiano había pasado a regir Roma e Italia y omitir cualquier mención a Majencio. 57  Paneg. Lat., VII (VI), 4, 2. 58  Paneg. Lat., VI (VII), 12, 2: (...) non quo ... Marte diffideres (...). 59  CAYÓN RODRÍGUEZ, Juan R.: Compendio de las monedas del Imperio romano, vol. III, Fa-reso, Madrid, 1985, Constantino, N.º 359: Mars Victor (Lugdunum); 361: Marti conseruatori (Tréveris); 374: Marti patri conseruatori (Lugdunum); 376: Marti propugnatori (Lugdunum); 536: Marti patri conseruatori (Tréveris); 537: Marti propugnatori; 538: Marti patri conserua-tori (Tréveris). 60  CAYÓN RODRÍGUEZ, Juan R.: Compendio, op. cit., Constantino, N.º 206 (acuñada en Are-late, Tréveris, Ticinum, Siscia y Tesalónica). 61  Paneg. Lat., VI (VII), 19-20; Eutrop., X, 3, 2; Hieron. Strid., Chron., CCLXXI Olymp. II. Revista de Historia Militar, 120 (2016), pp. 168-198. ISSN: 0482-5748


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