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REVISTA HISTORIA MILITAR 112

GUERRA, EJÉRCITO Y RELIGIÓN DURANTE EL PRINCIPADO DE CONSTANTINO 169 Grand, donde se veneraba una advocación gala de Apolo, para satisfacer los votos prometidos62. Constantino nada debía a la religión oficial del momen-to. Los cultos públicos, en sus expresiones más tradicionales, le ofrecían protección a la vista de los sucesos. Es cierto que el panegírico latino de 310 es, desde su comienzo, un manifiesto de adhesión al politeísmo en sus expresiones más convencionales. Ya en su primer capítulo exhorta a ren-dirles culto a los «dioses inmortales», como protectores del conjunto de los ciudadanos63. El mensaje es claro: las divinidades intervienen a su favor: di te uindicant64. Sin embargo, hay un aspecto muy singular en el ideario religioso del panegírico, y que marca una clara diferencia con relación a la tetrarquía: la promoción del culto imperial. Constantino es elogiado como descendiente de Claudio el Gótico e hijo del divinizado Constancio y, en condición de tal, también heredero de sus virtudes65. Además, es presentado como un numen, una personalidad dotada de virtud divina, que inspiraba incluso amor entre los soldados y les daba coraje para luchar incluso en circunstancias desfavorables66. La personificación divina de Constantino encuentra su más sobresaliente en un episodio que refiere su visión en el templo de Apolo en Grand. El dios (en cuyos rasgos se reconoció) se le figuró acompañado de la Victoria, quien le ofrecía al emperador treinta co-ronas de laurel, en vaticinio de cada una de otros tantos años de victorias militares67. Constantino era un príncipe por el que convenía luchar. Un dios le prometía la victoria y él les correspondía dando muestras de justicia y de piedad: reconstruía las ciudades y los templos68. Todo ello revertía en beneficio general de los provinciales galos. El mensaje, en cualquier caso, reforzaba los principios monárquicos y dinásticos del principado. Kuhoff ha planteado que la ruptura de Constantino con la ideología tetrárquica no fue tan radical. Recuerda, en apoyo de esta opinión, que la caracterización divina de los príncipes se realizaba en los mismos términos, recurriendo a la 62  Paneg. Lat. VI (VII), 21, 1-6; Lact., De mort. persec., XXIX, 3. Cf. NIXON, C. E. V.; ROD-GERS, Barbara S.: In praise of Later Roman Emperors. The Panegyrici Latini. Introduction, Translation, and Historical Commentary with the Latin Text of R. A. B. Mynors, University of California Press, Berkeley, 1994, pp. 247-248, nn. 89-91. 63  Paneg. Lat., VI (VII), 1, 5: (...) ipsos deos immortales, quamquam uniuersos animo colamus (...). 64  Paneg. Lat., VI (VII), 20, 4. 65  Paneg. Lat., VI (VII), 2; 4, 5; 8, 2; 14, 4. 66  Paneg. Lat., VI (VII), 18, 7: Tantus illos incenderat amor numinis tui, ut quamuis scirent op-pugnandam esse munitissimam ciuitatem, sufficere sibi crederent peruenire. 67  Paneg. Lat., VI (VII), 21, 4. Véase sobre el pasaje en cuestión: ESCRIBANO PAÑO, Mª Victoria: «La primera visión de Constantino (310)», en TEJA CASUSO, Ramón (coord.): Sueños, ensueños y visiones en la Antigüedad pagana y cristiana, Ediciones Trea, Gijón, 2002, pp. 85-94. 68  Paneg. Lat., VI (VII), 22, 6. Revista de Historia Militar, 120 (2016), pp. 169-198. ISSN: 0482-5748


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