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178 ESTEBAN MORENO RESANO llegaron a un acuerdo estratégico: Constantino tendría autoridad sobre las provincias occidentales y Licinio sobre las orientales, asumiendo que debería arrebatárselas por las armas a Maximino Daza119. En previsión de la previsible victoria de Licinio, ambos augustos decidieron otorgar a todos los ciudadanos del Imperio la libre facultad de observar una re-ligión (libera potestas sequendi religionem), fórmula que hacía alusión a los ritos más que las creencias particulares de cada cual120. Aunque no eran los únicos beneficiarios de esta disposición, la finalidad de esta con-cesión era ganarse el favor de los cristianos hacia los augustos reconoci-dos por el Senado, que, además de obtener la libertad de culto, lograron la devolución a las distintas comunidades de los lugares de reunión de los que hubieran sido privados durante las persecuciones. No obstante, el mismo texto constitutivo sancionaba también un pragmático deísmo oficial, al señalar que la provisión imperial se hacía para que cualquier cosa (que participe) de la divinidad en la sede celeste, (...) esté aplacado y nos sea propicio a Nos y a todos los que están bajo nuestra potestad121. Este singular posicionamiento de los emperadores a propósito de lo so-brenatural refleja las inquietudes religiosas, al menos, de Constantino, después de que la adivinación tradicional demostrara ser fallida en la predicción de los resultados de la batalla de Puente Milvio. También demuestran la voluntad de ambos augustos de abandonar el discurso teo-lógico de la Tetrarquía, toda vez que el Imperio se había transformado en una diarquía. Las disposiciones pactadas en Milán fueron acompañadas en Occi-dente por otras, libradas por Constantino a ruegos del procónsul de África Anulino, que, en el contexto del recientemente estallado conflicto donatista, devolvían sólo a la Iglesia católica las propiedades perdidas, le adjudicaban donaciones y concedían la inmunidad fiscal al clero122. La concesión de pri-vilegios a la Iglesia no significó el abandono del tradicionalismo religioso en el discurso político oficial. Sin embargo, éste cambió de modo significativo después de la victoria sobre Majencio en 312. El rasgo más significativo es la evolución del politeísmo hacia el henoteísmo. El panegírico de 313, pro-nunciado en Tréveris, cuando Constantino se había establecido allí después de combatir a los francos, ensalza a un dios poderoso y desconocido, una «mente divina» cuya providencia trascendía la opinión de los hombres y la 119  Lact., De mort. persec., XLV, 1; Anon. Val., V (13). 120  Lact., De mort. persec., XLVIII; Euseb. Caes., HE, X, 5, 2-14. 121  Lact., De mort. persec., XLVIII, 2: (...) quo quicquid diuinitatis in sede caelesti, nobis atque omnibus qui sub potestate nostra sunt constituti, placatum ac propitium possit existere. 122  Euseb. Caes., HE, X, 5, 15-17; 6, 1-5; 7, 1-2. Revista de Historia Militar, 120 (2016), pp. 178-198. ISSN: 0482-5748


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