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REVISTA HISTORIA MILITAR 112

180 ESTEBAN MORENO RESANO manecemos victoriosos y felices. Dios supremo, dios santo, escucha nuestras plegarias: extendemos hacia ti nuestros brazos: escucha, santo, supremo dios127. No se trataba de una oración cristiana, sino de una invocación, que, al igual que la recogida en el panegírico de 313, solicita la protección de una divinidad ignota sobre el Imperio y el príncipe128. Tal «dios supremo» lo era en relación con el resto de «divinidades menores». Licinio se preo-cupó de que esta plegaria fuera difundida entre sus tropas. Ordenó que se hicieran numerosas copias del texto y las envió a los mandos militares (pre-pósitos y tribunos), para que lo enseñaran a sus soldados. Según Lactancio, su propósito era dar a conocer que la victoria había sido anunciada desde el cielo129. El emperador, conforme al discurso religioso oficial del momento, no precisa cuál era la divinidad reveladora, pero sabía que era un impor-tante aliciente para sus hombres saber que contaban con el favor divino y no se equivocó. Después de provocar la huída de Daza (que murió al poco en Tarso de Cilicia), Licinio entró vencedor en Nicomedia e hizo publicar allí el documento de los acuerdos que había suscrito con Constantino en Milán, haciendo así oficial la nueva política religiosa imperial en Oriente. Es muy probable que tratara de ganarse con esta medida a la numerosa co-munidad cristiana de la ciudad, y, más en particular, del personal palatino que pertenecía a ella, depurado con todo rigor en aplicación de las medidas persecutorias de Diocleciano. Fue precisamente la presencia de cristianos en el ejército y en la corte orientales lo que provocó el comienzo de las perse-cuciones de época tetrárquica130. A partir de 314 Constantino y Licinio se apartaron de las líneas de política comunes establecidas en Milán, al menos, en el aspecto religioso. Licinio no manifestó este acercamiento a los cristianos, y tampoco se bene-fició de la opinión favorable de los cristianos ni en ese momento ni en el fu- 127  Lact., De mort. persec., XLVI, 6: Summe deus, te rogamus, sancte deus, te rogamus: om-nem iustitiam tibi commendamus, salutem nostram tibi commendamus, imperium nostrum te commedamus. Per te uiuimus, per te uictores et felices existimus. Summe, sancte deus, preces nostras exaudi: brachia nostra ad te tendimus: exaudi sancte, summe deus. 128  BADOT, Philippe; DE DECKER, Daniel: «Une “première” dans l´Église ancienne: la prière aux armées de l´empereur Licinius», en XXVII Incontro di Studiosi dell´Antichità Cristiana. Roma, 7-9 maggio 1998, Istituto Patristico Augustinianum, Roma, 1999, pp. 477-487; MARA-VAL, Pierre: Constantin, op. cit., p. 138. Los tres autores sostienen que se trata de una plegaria un tanto ambigua en su expresión, que trataba de contentar a los cristianos. Maraval lo vincula con el texto de los acuerdos de Milán. 129  Lact., De mort. persec., XLVI, 7: Scribuntur haec in libellis pluribus et per praepositos tri-bunosque mittuntur, ut suos quisque milites doceat. Creuit animus uniuersis uictoriam sibi credentibus de caelo nuntiatam. 130  Lact., De mort. persec., XI-XII. Revista de Historia Militar, 120 (2016), pp. 180-198. ISSN: 0482-5748


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