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REVISTA HISTORIA MILITAR 112

188 ESTEBAN MORENO RESANO Rómulo, y seguido por los prepósitos. El carácter imperativo de la medida es manifiesto, puesto que se emplean los términos debere y iussio. Esta dis-posición cobra más sentido, si se tiene en cuenta que en 321 Constantino había instituido la feria semanal dedicada al Sol, gesto con el que ratificaba su protección a la religión consuetudinaria y su adhesión al mos maiorum tradicional162. Licinio debía de obrar a partir de la idea de que la disciplina militar comenzaba con la disciplina religiosa, en el sentido más conservador del término. No obstante, ese mismo año, en Egipto, muy lejos de donde se fraguaba el conflicto, el sincretismo seguía siendo promovido entre las tropas, como permite apreciar la inscripción que celebra la construcción de un templo a los ángeles de Koptos163. En este caso, el prepósito de la legión III Gallica no parece obedecer una prescripción imperial, sino el consejo de los sacerdotes de las unidades a su mando. Las hostilidades dieron comienzo en julio de 324, cuando Constantino envió una armada capitaneada por su hijo Crispo para ocupar Asia, a la que hizo frente Amando, general de Licinio. Este, entretanto, concentró sus tro-pas en Adrianópolis, pero fue en vano, porque se dispersaron y Constantino se hizo con la región. Licinio se retiró a Bizancio, donde su ejército tampoco actuó de modo coordinado. Acabó nombrando augusto a Martiniano forzado por las circunstancias bélicas, tal y como había hecho en 316 con Valente al elevarle a césar. Cercado por mar, tuvo que huir de la ciudad. Crispo consi-guió vencer la armada de Licinio en Gallípoli y capturar a Amando. Licinio se trasladó entonces a Calcedonia con el tesoro imperial y luego se trasladó a Crisópolis. Constantino se apoderó de Bizancio y más tarde persiguió a su cuñado hasta la ciudad donde se encontraba, y allí ambos augustos entabla-ron batalla. En ella Licinio perdió a un gran número de hombres, por lo que tuvo que huir a Nicomedia, lugar en el que pidió la paz a Constantino, me-diando su esposa Constancia. La obtuvo, pero con la condición de retirarse a Tesalónica en calidad de ciudadano particular. No debió de respetar el pacto, 162  CTh. II, 8, 1; CI. III, 12, 2. Ningún término en la ley alude a la dies Solis en calidad del domingo cristiano. No obstante, hay estudios que se pronuncian en sentido contrario (Cf. MORENO RESANO, Esteban: «El dies Solis en la legislación constantiniana», en Antiquité Tardive, 17 (2009), pp. 289-305). Véase al respecto: DI BERARDINO, Angelo: «La cristia-nizzazione del tempo nei secoli IV-V: la domenica», en Augustinianum, 42 (2002), pp. 97-125; GIRARDET, Klaus M.: «Vom Sonnen-Tag zum Sonntag. Der Dies Solis in Gesetzgebung und Politik Konstantins d. Gr.», en Zeitschrift für Antikes Christentum, 11 (2007) 2, pp. 279-310. 163  MILNE, Joseph G.: Catalogue, op. cit., No. 9238: «A la gran Fortuna del dios y de los ángeles del santuario. El templo ha sido erigido y ornamentado bajo el mando de Victorino, prepósito de las legiones III Gálica y I Ilírica y de los arqueros emesenos, bajo el cuidado de (...) pontífice y (...) sacerdote de la legión III Gálica y Gatano, sacerdote de legión I Ilírica y de Azizo, sacerdote, en el VI consulado de Licinio Augusto y II consulado de Licinio, excelentí-simo César, a día 1 del mes de Loo y siendo pontíficies Canubis y (...)» (26 de mayo de 323). Revista de Historia Militar, 120 (2016), pp. 188-198. ISSN: 0482-5748


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