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REVISTA HISTORIA MILITAR 112

190 ESTEBAN MORENO RESANO del enfrentamiento, hubo embajadas por medio de las cuales los augustos se cruzaron acusaciones y mensajes. Constantino debió de promover entonces el uso del lábaro como signum. Eusebio comenta que fue empleado en la campaña por su guardia, formada por cincuenta hombres167. Era el emblema personal de Constantino, de origen cristiano, introducido ya en 314, como documenta Lactancio en De mortibus persecutorum, pero que quizás fue presentado de modo más genérico como una suerte de signo de la providen-cial intervención sobrenatural de la que gozaba el emperador. La escena que narra Eusebio (quien afirma que se la había relatado el propio Constantino), refiere, entre otros hechos portentosos, que las flechas se clavaban en la in-signia, en lugar de herir a su portador168. El uso de un elemento apotropaico siempre era bien recibido por los combatientes, expuestos a la muerte en cualquier momento. El desarrollo favorable a Constantino de la contienda favoreció la aceptación y difusión de su religión entre los soldados, ya que demostraba ser eficaz como auxilio militar. En realidad, no fue Constantino quien hizo de la contienda de 324 una guerra de religión. En todo caso, parece que fue Licinio quien intro-dujo los argumentos sagrados para alentar a sus tropas a defender su causa imperial169. En todo caso, Constantino, dueño ya de Oriente, aprovechó sus mismas razones para asociar su victoria a la religión que había fustigado su cuñado. Ganaba así el importante apoyo de las comunidades cristianas de la Pars Orientis, numerosas y pujantes, aunque maltratadas por Licinio. Muy en particular, se sirvió de estas maniobras propagandísticas para atraerse el favor de los dos grupos más afectados por la política religiosa de su cuñado: los palatinos y los soldados170. Los primeros habían sido expulsados de la corte y los segundos del ejército. Fueron muchos los miembros del ejército que apostataron doblegándose a las disposiciones imperiales. El Concilio de Nicea debatió su caso y les impuso el castigo de trece años de penitencia hasta volver a recibir la comunión171. Del mismo modo que Licinio quiso ganar el apoyo de los palatinos con la publicación en Oriente de los acuer-dos de Milán, Constantino, con el mismo fin, hizo profesión de monoteísmo 167  Euseb. Caes., VC, II, 7. 168  Euseb. Caes., VC, II, 7-9; 12, 1. 169  En opinión de Cristofoli, la defensa del cristianismo formaba ya parte del discurso de Cons-tantino durante la guerra. Cf. CRISTOFOLI, Roberto: «Religione», op. cit., pp. 166-170. 170  En relación con los soldados, véase: SHEAN, John F.: Soldiering, op. cit., pp. 281-282. 171  Conc. Nic., c. XII. Tres años debían permanecer como oyentes, y diez más postrados durante los servicios religiosos, hasta poder recibir la comunión. Cf. HELGELAND, John: «Chris-tians », op. cit., p. 807; SHEAN, John F.: Soldiering, op. cit., pp. 294-295. Revista de Historia Militar, 120 (2016), pp. 190-198. ISSN: 0482-5748


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