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REVISTA HISTORIA MILITAR 112

92 ENRIQUE GARCÍA CATALÁN da y sin cubierta7. El abandono durante años lo había dejado sin puertas ni ventanas y con los tejados arruinados, por los que se filtraba el agua hacia el maderamen y las bóvedas. El frío reinante en las habitaciones y la falta de higiene hacían que las enfermedades estuviesen a la orden del día. Incluso el peligro de desplome de la enorme cúpula de la iglesia había alejado a la feligresía de los oficios que se celebraban. Reparar aquellos cuartos requería una crecida inversión, por lo que las autoridades militares también se fijaron en el colegio Fonseca, ubicado en una zona más apartada y cerca de una puerta de la ciudad para salir a las eras, donde podían hacer las maniobras. Sin embargo, al Fonseca se le podía sacar más partido estableciendo un hos-pital militar, por lo que la opción del cuartel fue desechada8. La precariedad de las infraestructuras castrenses, la inestabilidad po-lítica y la posición estratégica de Salamanca como apoyo de las plazas forti-ficadas de Zamora y Ciudad Rodrigo en el caso de que se declarara una gue-rra con Portugal, hicieron que la situación fuera cada vez más insostenible. En 1832, a las puertas de la Primera Guerra Carlista, se acantonó por largo tiempo en Salamanca un ejército de observación sobre la frontera lusa al mando del general Pedro Sarnfield9. Fig. 2. Autógrafo del general Pedro Sarnfield. 1832 7  Este dato resulta de interés a la hora de valorar hasta qué punto se vio afectado el antiguo colegio de la Compañía de Jesús durante la Guerra de la Independencia. El panorama que se describe es de un grado notable de destrucción, por lo que es de tener en cuenta. Posiblemente estructuras que se han considerado como originales de la fábrica de los siglos XVII y XVIII sean restauraciones posteriores. 8  Archivo General Militar de Segovia (en adelante A.G.M.S.), Sección 3, División 3, Legajos. 145, 504 y 681. 9  Antes de morir, Fernando VII abolió la Ley Sálica con el objeto de elevar al trono a su hija Isabel II. A partir de entonces comenzó un enfrentamiento armado entre los partidarios de la reina y los que defendían los derechos dinásticos de Carlos María de Borbón, hermano del rey. Don Carlos abandonó España el 16 de marzo de 1833 para refugiarse en Portugal, desde donde comenzó a promover la revolución contra el orden establecido. Rápidamente la parte del ejér-cito fiel a la causa de la reina organizó a la tropa para hacer frente a los sublevados Carlistas y la frontera de Portugal fue uno de los puntos conflictivos. Revista de Historia Militar, 120 (2016), pp. 92-126. ISSN: 0482-5748


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