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REVISTA HISTORIA MILITAR EXTRA CERVANTES

110 Mª ÁNGELES VARELA OLEA ideal. En su Hamlet y don Quijote (1860) el gran novelista ruso prefiguraba la visión mesiánica del personaje cervantino común a otros intelectuales de las mismas latitudes: «¿Qué representa don Quijote? Ante todo, la fe; la fe en algo eterno, inmutable; en una palabra: en la verdad, en la verdad que se encuentra fuera del individuo, pero que es posible alcanzar; que exige un servicio y sacrificios, pero a la que se accede gracias a la constancia en ese servicio y a la fuerza de esos sacrificios. Don Quijote está penetrado por entero de la lealtad al ideal, por el cual está dispuesto a padecer todas las pri-vaciones posibles, a sacrificar su vida; de hecho, solo valora su propia vida en cuanto que le permite encarnar el ideal e instaurar la verdad y la justicia en el mundo. Se nos dirá que su imaginación trastornada extrae ese ideal del mundo fantástico de las novelas de caballerías –y en eso consiste precisamente el aspecto cómico de don Quijote–, pero toda la pureza del ideal permanece intacta. Don Quijote consideraría vergonzo-so vivir para sí mismo, preocuparse de su persona. Él vive (si se puede expresar así) fuera de sí mismo, para los otros, para sus hermanos, para extirpar el mal, para enfrentarse a las fuerzas enemigas de la humanidad –a los magos y a los gigantes–, es decir, a los opresores»3. Lo de menos es el triunfo público, lo verdaderamente significativo es el mantenido entusiasmo por el ideal. Cervantes, el resistente soldado al cautiverio que fracasaba en sus intentos de fuga y con firme voluntad trazaba nuevos planes de huida, pinta a un don Quijote que a pesar de verse continuamente derribado, vuelve a subir al caballo y vuelve a emprender la aventura. Ese será uno de los rasgos de quienes como Galdós o Maeztu, meditando sobre la decadencia na-cional prefieren la acción y la voluntad a la abulia e inoperancia. Así reconocía Ortega y Gasset en sus Meditaciones de don Quijote (1914) uno de los rasgos del Cervantes soldado recreado en su personaje: el hombre de firme voluntad al que su autor le hizo decir que los encantadores «podrán quitarle la ventura, pero el esfuerzo y el ánimo es imposible». Y aquella encomienda de extender la fe en la verdad y la justicia que el escritor ruso veía en don Quijote no se limitaba al personaje. Detrás de don Quijote, diseña sus aventuras Cervantes y, con ese mismo carácter, la Historia nos muestra otros muchos poetas-soldados anterio-res y posteriores a él. Poetas-soldados caracterizados por el estoicismo, el valor, el entusiasmo por el ideal, la inteligencia para percibir la injusticia y la sabiduría para expiarla a través de la palabra, a veces risueña o ridiculizadora. Pérez Gal- 3  Turguénev, Iván: Hamlet y don Quijote. Sequitur, Barcelona, 2008, pp. 7-8. Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2016, pp. 110-140. ISSN: 0482-5748


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