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REVISTA HISTORIA MILITAR EXTRA CERVANTES

LA «POÉTICA MILITAR» DE CERVANTES 113 Pero de la misma época y formado en el círculo de nobles que rodea-ban a Carlos I, Garcilaso de la Vega destaca como poeta-soldado y modelo militar y poético del perfecto cortesano. También él presentará la analogía entre el antiguo Imperio romano y el actual Imperio español, entre César y Carlos I, en su soneto XXXIII. El poema está dedicado a otro poeta soldado, «A Boscán, desde La Goleta». Fue compuesto, por tanto, en la fortaleza que Barbarroja había tomado y que las tropas de Carlos I conquistaron, antes de su triunfal entrada en Túnez (1535). En esta ocasión volvió a quedar claro el valor de Garcilaso, quien versificó las heridas que sufrió en este enfrenta-miento –una lanzada en el brazo y otra en la boca–, con estas palabras: «Y así, en la parte en que la diestra mano / gobierna, y en aquella que declara / los conceptos del alma, fui herido. / Mas yo haré que aquesta ofensa, cara/ le cueste al ofensor, ya que estoy sano, / libre, desesperado y ofendido»8. Tal fue su valor, que le mereció el ser acrecentado como capitán de un Tercio. Perfeccionando el ya ideal retrato como modelo de hombre renacentista, Garcilaso cayó en la batalla al ser el primer soldado del Tercio en trepar por la escala en el temerario asalto de una fortaleza en Le Muy, donde recibió tal golpe que se precipitó gravemente herido al foso. Murió días después, tras ser atendido espiritualmente por su amigo, quien luego sería canonizado como san Francisco de Borja. Ante el menosprecio del mundo, también Cervantes se referirá a sus heridas de guerra con orgullo. Sus lesiones son evidencia permanente de la gloria militar para quienes tengan la inteligencia de saber leer en ellas el esplendor de los grandes episodios de la Historia. Acusado de ser un vie-jo irritable y manco por Alonso Fernández de Avellaneda, el continuador apócrifo de las aventuras de don Quijote se había referido al Cervantes de 1614 «como soldado tan viejo en años cuanto mozo en bríos, que tiene más lengua que manos»9. Por ello, el «viejo soldado» Cervantes de sesenta y siete años, por no darle la razón, ni dejar pasar la ocasión de responderlo, le contesta con humor que no le llamará asno, mentecato ni atrevido. Pero sí responderá a lo tocante a su manquedad ocasionada en la batalla de Lepanto: «Lo que no he podido dejar de sentir es que me note de viejo y man-co, como si hubiera sido en mi mano haber detenido el tiempo, que no pasase por mí, o si mi manquedad hubiera nacido en alguna taberna, sino en la más alta ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes 8 Garcilaso de la Vega: Poesías castellanas completas. Edición de Elías L. Rivers, Castalia, Madrid, 1996, soneto XXXV, pág. 77. 9  Texto de «Avellaneda» recogido por F. Sevilla en su edición de Don Quijote de la Mancha. Castalia, Madrid, 2004, pág. 676. Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2016, pp. 113-140. ISSN: 0482-5748


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