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REVISTA HISTORIA MILITAR EXTRA CERVANTES

132 Mª ÁNGELES VARELA OLEA valecencia en que la lectura de obras religiosas lo llevó a consagrarse y, con el tiempo, a fundar la Compañía de Jesús, cabeza de la renovación religio-sa contrarreformista. En la Compañía reproducirá la estructura militar que siempre lo había rodeado. Aunque nos constan varios testimonios escritos de que san Ignacio solo leyó algunas páginas del Enchiridion, podría ser que se saltase el pre-facio y se dirigiese directamente al interior, donde se sentiría «gratamente sorprendido, al ver que el destinatario de aquella obrita era un soldado o caballero, que después de llevar una vida disipada y rota entre las delicias y vicios de la Corte, trataba ahora de seguir los caminos de la virtud». La obra se destina a los caballeros cristianos cansados de la vida cortesana que desean transformar su alma por la penitencia y asemejarse a Cristo, «ad mentem Christo dignam pervenire».31 En cualquier caso, el estudio de Gar-cía- Villoslada sobre la relación de Loyola con Erasmo señala algunas preo-cupaciones ignacianas que eran comunes al humanista holandés, así como otras que no, y como afirma finalmente, no consta que leyese más que unas páginas del Enchiridion, en las que no advirtió ningún error dogmático32. Como humanistas cristianos, sin embargo, es lógico que defiendan una serie de ideas que son las de Cervantes, risueñamente crítico con la devoción popular milagrera, pero como Erasmo o san Ignacio, grandes defensores del libre albedrío frente a la idea de predestinación protestante y baluarte de los soldados españoles en sus enfrentamientos contra protestantes y turcos. Todo parece indicar que el futuro soldado y escritor asistió a las escue-las de gramática y humanidades de Sevilla y Córdoba fundadas por aquellos años por la Compañía de Jesús, a la cual Cervantes alude en el Coloquio de los perros33. Como la crítica ha advertido, en Berganza se oyen expresiones tomadas con exactitud de los Ejercicios espirituales de san Ignacio cuando escribe que «El hombre es criado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios...». Y dado que la expresión exacta es ignaciana, pero la publicación de su obra es posterior, solo cabe entender que Cervantes la recibió por tra-dición oral, por la repetida asistencia a predicaciones de jesuitas, o al menos por haber «hecho algunos ejercicios», los llamados de «primera semana».34 Los jesuitas fueron grandes impulsores del teatro y, poco después de haber fundado algunos colegios, comenzaron a fomentar el teatro escolar. En la estela de la ignaciana recreación religiosa apoyada en los sentidos, 31 García-Villoslada, Ricardo: Loyola y Erasmo. Taurus, Madrid, 1965, pág. 34. 32  Aunque sí dice que su lectura le «enfriaba el alma», op. cit., pág. 238. 33 Martínez-Escalera, José: «Cervantes y los jesuitas», en Anales Cervantinos, XXXV, 1999, pp. 295-307. 34  Op. cit., pág. 302. Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2016, pp. 132-140. ISSN: 0482-5748


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