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REVISTA HISTORIA MILITAR EXTRA CERVANTES

148 SANTIAGO LÓPEZ MOREDA delo al atleta que se prepara para participar en los juegos ya desde pequeño y que no se debe convocar a críticos que aplaudan sus versos por la comida que les dan, pues son como los plañideros, que lloran a sueldo. Poética de la poesía Debate con el Caballero del Verde Gabán Los capítulos XVI, XVII y XVIII de la segunda parte del Quijote presentan una cuestión debatida de manera genérica en el «Discurso de las armas y las letras» especificando ahora la razón de ser de la poesía dentro de las letras. Don Diego de Miranda, el caballero, le hace saber a don Quijote que hojea más libros profanos que devotos a condición de que sean «de honesto entretenimiento, que deleiten con el lenguaje y admiren y suspendan con la invención, puesto que de estos hay muy pocos en España». A continuación le explica la frustración que siente porque su hijo Lorenzo se dedica a las letras y, lo que es un grado de deterioro aún mayor, a la poesía. Como se ve, la apreciación de Steiner que comentábamos líneas atrás sobre el escaso reconocimiento de las humanidades venía ya de siglos atrás: «–Yo, señor don Quijote –respondió el hidalgo–, tengo un hijo, que, a no tenerle, quizá me juzgara por más dichoso de lo que soy, y no por-que él sea malo, sino porque no es tan bueno como yo quisiera. Será de edad de diez y ocho años; los seis ha estado en Salamanca, aprendiendo las lenguas latina y griega, y cuando quise que pasase a estudiar otras ciencias, halléle tan embebido en la de la poesía (si es que se puede llamar ciencia), que no es posible hacerle arrostrar la de las leyes, que yo qui-siera que estudiara, ni de la reina de todas, la teología. Quisiera yo que fuera corona de su linaje, pues vivimos en un siglo donde nuestros Reyes premian altamente las virtuosas y buenas letras, porque letras sin virtud son perlas en el muladar. Todo el día se le pasa en averiguar si dijo bien o mal Homero en tal verso de la Ilíada; si Marcial anduvo deshonesto o no en tal epigrama; si se han de entender de una manera u otra tales y tales versos de Virgilio. En fin, todas sus conversaciones son con los libros de los referidos poetas, y con los de Horacio, Persio, Juvenal, y Tibulo, que de los modernos romancistas no hace mucha cuenta»9. 9  La cursiva es nuestra. Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2016, pp. 148-172. ISSN: 0482-5748


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