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REVISTA HISTORIA MILITAR EXTRA CERVANTES

156 SANTIAGO LÓPEZ MOREDA Poética de la novela En las poéticas clásicas nada se dice de la novela, pese a contar con numerosas muestras cuando Horacio y Quintiliano escriben fábulas milesias y Petronio Satiricón respectivamente. Por ello hemos de entender como pre-ceptiva válida para este género la doctrina clásica de las formas de narratio y de la verosimilitud de lo narrado. Pues bien, Cervantes demuestra conocer las Fabulae milesiae griegas a través de Apuleyo, nada menos que en la novela por antonomasia, El Quijote: «Este género de escritura y composición cae debajo de aquel de las fábulas que llaman milesias, que son cuentos disparatados, que atien-den solamente a deleitar, y no a enseñar .... Y puesto que el principal intento de semejantes libros sea el deleitar, no sé yo cómo pueden con-seguirle, yendo llenos de tantos y tan desaforados disparates». (Quijote I, XLVII). En realidad, Cervantes, muy dado a jugar con la ambigüedad para captar el interés del lector, parece ir en contra de sus propios objetivos. La excusa de «no enseñar» es falsa, porque las novelas también enseñan moral; de otra forma no las habría llamado «ejemplares», y sobre todo, como resalta al final de este capítulo, la novela es el marco ideal donde ubicar toda clase de géneros literarios, «una tela de varios y hermosos tejidos» que consigue el fin mejor que se pretende en los escritos, enseñar y deleitar juntamente: «Un lugar donde el autor puede mostrarse épico, lírico, trágico, có-mico, con todas aquellas partes que encierran en sí las dulcísimas y agra-dables ciencias de la poesía y de la oratoria; que la épica también puede escribirse en prosa como en verso». (Quijote, I, XLVII). Siguiendo con la preceptiva horaciana sobre la armonía compositiva y la similitud de un cuadro con una obra literaria, ut pictura poesis, la be-lleza radica en la proporción, el equilibrio de las partes y la verosimilitud: «Pues ¿qué hermosura puede haber o qué proporción de partes con el todo, y del todo con las partes, en un libro o fábula donde un mozo de diez y seis años da una cuchillada a un gigante como una torre...?» (Quijote, I, XLVII). Por eso las mejores narraciones mentirosas son las que «parecen verdad», verosímiles en el sentido estricto del término, y son preferibles a las ver-dades sospechosas, «que las historias fingidas tanto tienen de buenas y de deleitables cuanto se llegan a la verdad o la semejanza de ella» (Quijote, II, Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2016, pp. 156-172. ISSN: 0482-5748


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