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REVISTA HISTORIA MILITAR EXTRA CERVANTES

LA POÉTICA DE CERVANTES 157 LXII). Por la misma razón desprecia al impostor que se atrevió a escribir una segunda parte de su Quijote: «De esta manera me parece a mí, Sancho, que debe de ser el pintor o escritor, que todo es uno, que sacó a la luz la historia de este nuevo don Quijote que ha salido; que pintó o escribió es lo mismo» (Quijote II, LXXI). Otro lugar común, como la valoración de la literatura y de los escrito-res, presente en las poéticas13, se puede observar no solo en El viaje al Par-naso, sino también en el Quijote, concretamente en el ventero Palomeque, en la criada de la venta, y en los huéspedes de la misma (capítulos XXXII y ss.), defensores de los libros de caballería, como Cardenio, que había rega-lado a Luscinda un ejemplar del Amadís. Los libros, para el ventero, además de entretener «hacían autoridad». Bien distinta era la opinión del clérigo. Cura y barbero van a la casa de Alonso Quijano y con la ayuda de su sobrina proceden al escrutinio: los libros grandes, más de cien, eran todos de caballería; los pequeños, poesía y novela pastoril. De la hoguera se salva el Amadís de Gaula, «el mejor de to-dos los libros que sobre este género se han compuesto». Se libra también, a instancias del cura, Tirante el Blanco, «un tesoro de contento y una mina de pasatiempos». De los libros pequeños, el cura elogia la Diana de Montema-yor, la de Gil Polo y La Galatea de Cervantes. Y salva también tres poemas épicos, La Araucana de Ercilla, La Austríada de Juan Rufo (culmina con la batalla de Lepanto), y El Montserrate de Virués. Las Lágrimas de Angélica de Barahona de Soto se salvaron porque era «obra de uno de los más famo-sos poetas del mundo, no solo de España», en palabras del cura. ¿Cuál es, pues, la poética cervantina sobre la novela? En 1905, Menéndez Pelayo, en el tercer centenario de la publicación de la primera parte del Quijote, en una conferencia en la universidad de Ma-drid decía: «El genio de la novela había derramado sobre Cervantes todos sus dones … una nueva casta de poesía narrativa trascendental y eterna como las grandes epopeyas, y al mismo tiempo doméstica, familiar, acce-sible a todos, como último y refinado juego de la sabiduría popular y de la experiencia de la vida»14. Suscribo esta afirmación y añado yo: no solo eso, el genio cervantino es fruto de las muchas lecturas y de su formación en la literatura clásica15, 13  Baste recordar el libro X de la Insitutio oratoria de Quintiliano o los poetas que Horacio presenta como modelos en cada género literario de los tratados en Ars poética. 14  Fontán, A.: «Cervantes y su Quijote», en Nueva Revista, Navidad 2006, p. 5. 15  Bastaría con recordar la cantidad de latinismos y de autores de la literatura latina que apare-cen por doquier en el Quijote o la realidad histórica que trasciende en la Numancia, aunque con algún anacronismo, como la presencia de Viriato. Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2016, pp. 157-172. ISSN: 0482-5748


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