Page 178

REVISTA HISTORIA MILITAR EXTRA CERVANTES

LOS CAPITANES DEL SOLDADO MIGUEL DE CERVANTES 177 ¿Antes al Papa que al Rey? El problema que plantea la reconstrucción de la carrera militar de Cervantes es que su padre promovió, el 17 de marzo de 1578, una Informa-ción Testifical en Madrid sobre los servicios de su hijo, donde afirmaba que «mi hijo a servido a Su Majestad de diez años a esta parte hasta que habrá dos años que le cautibaron»; es decir, que había comenzado a servir desde 1569, haciendo coincidir la llegada del hijo a Italia con su enganche militar. Y no puede pensarse que actuara con desconocimiento de las vivencias filia-les, ya que el 22 de diciembre de 1569, en Madrid, instaba otra Información Testifical sobre la limpieza de sangre de Miguel, reconociendo que a la sa-zón su hijo era «estante en la Corte romana». Nada consta documentalmente sobre los servicios militares de Cervan-tes al Rey de España con anterioridad a 1571, a pesar de la ingente expur-gación archivística a la que, desde hace más de dos siglos, se han dedicado legiónes de investigadores y eruditos. Tampoco afirmaron tal cosa ninguno de los 15 testigos aportados por Rodrigo y Miguel en sus Informaciones de 1578 y 15807. No tenemos pruebas sobre tales servicios ni creo que las tengamos, porque a mi juicio no existieron. Si Cervantes hubiera ingresado en alguna de las compañías de Infantería española, pongamos del Tercio de Nápoles, lo que no parece que hubiera podido acontecer antes de 1570, no hubiera salido de ella salvo promocionado o con los pies por delante. El enganche, aunque vo-luntario, no tenía caducidad, como tampoco el asiento en el libro de su compa-ñía, donde constaban sus datos personales (filiación, naturaleza y descripción física minuciosa, con especial énfasis sobre rasgos particularmente distinti-vos). No existía libertad alguna para deshacer el enganche, ni siquiera para cambiar de compañía, algo que solo se permitió a partir de la última década del siglo XVI, cuando se generalizaron los motines, para evitar que antiguos amotinados pudieran sufrir la ira de los capitanes contra cuya autoridad se habían levantado.8 La desmovilización de un soldado, salvo casos especiales, solo era posible en el curso de las llamadas «reformas generales», cuando se 7  La que se efectuó en Argel, entre el 10 y el 22 de octubre de dicho año, ante el Rvdo. fray Juan Gil, redentor de España. Cfr. Morán, Jerónimo: Vida de Miguel de Cervantes Saavedra. Madrid, 1867, pp. 319-329. 8  Ribot García, L.A.: «Soldados españoles en Italia. El castillo de Milán a finales del siglo XVI», en Guerra y sociedad en la Monarquía Hispánica: política, estrategia y cultura en la Europa Moderna, 1500-1700, Vol. I, (García Hernán, E. y Maffi, D., eds.), Madrid, 2006, pág. 211. Afirma el autor: «En una época en que aún no escaseaban los hombres, los soldados cambiaban fácilmente de unidad, entre las compañías de Infantería de los Tercios, los dife-rentes castillos, e incluso la caballería ligera». Tal aserto, tan contrario a los usos y prácticas imperantes que me ha sido posible reconocer, no puede discutirse en el reducido espacio de una nota, por lo que dedicaré a su refutación el apéndice C. Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2016, pp. 177-232. ISSN: 0482-5748


REVISTA HISTORIA MILITAR EXTRA CERVANTES
To see the actual publication please follow the link above