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REVISTA HISTORIA MILITAR EXTRA CERVANTES

188 JUAN LUIS SÁNCHEZ MARTÍN Ya que no podía deberse a gestas personales, quizá lo fueran las pro-tagonizadas por algún o algunos ilustres antepasados. No pensaba buscarlos entre los Urbina de Guadalajara, donde uno tras otro fracasaron todos los que antes intentaron identificarle entre el linaje del comunero Juan de Ur-bina, condenado a muerte por Carlos V, o entre la familia del famoso mé-dico Luis de Lucena (1491-1552), fundadora del patronato de la capilla de Nuestra Señora de los Ángeles, adosada a la parroquia de San Miguel, más conocida como capilla mudéjar de Guadalajara; pero la más reciente inspec-ción sobre los Lucena, publicada por Alfredo Villaverde32, me ha permitido hallar la existencia de un posible candidato. Se trata de un Diego de Urbina, sobrino carnal del doctor Lucena, hijo de Rodrigo Núñez de Uclés, hermano del médico, y de una señora apellidada Urbina de la que tomó el apellido. Sucedió a su padre en 1579 como tercer patrón de dicha capilla, a la cual confirió su apellido materno a expensas del propio de Lucena, dado que fue conocida por mucho tiempo como capilla de los Urbina. Si el efímero capi-tán Diego de Urbina fue, como dice Cervantes, natural de Guadalajara, no hallo a otro más idóneamente apropiado para encarnarlo que este, aunque no quepa en ninguna genealogía urbinense al proceder de hembra, ni puedan hallarse lauros bélicos en el solar de los Lucena para encumbrar a ninguno de sus vástagos al parnaso de los héroes. Urbinas descollantes en las armas hay unos cuantos, pero todos carac-terizados por ser descendientes del más celebérrimo de todos ellos: el Juan de Urbina muerto en Foligno (Italia, 5 de septiembre de 1529), a causa de las heridas recibidas en el asalto de Spello, uno de los primeros maestres de campo en la historia militar española, ya que se le confirió tal graduación en 1522, cuando su jurisdicción alcanzaba a toda la Infantería de un ejército en campaña y no se limitaba todavía a la de un Tercio, cuya primera unidad se crearía once años después a favor de Rodrigo Machicao, formada con 13 de las compañías de Infantería que habían regresado a Italia desde Hungría, tras obligar a Solimán el Magnífico a renunciar a su proyectada conquista de Viena (1532), y cuyas órdenes para mantenerlo a expensas del Reino de Nápoles constan en una carta que el Emperador escribió al virrey Pedro de Toledo, desde Bolonia, en abril de 153333. 32 Villaverde Gil, Alfredo: El manuscrito de Lucena. Guadalajara, Excmo. Ayuntamiento, 1999, pp. 13-14. 33  La infructuosa búsqueda de dicha carta, que constituiría el acta fundacional de los Tercios de Infantería española y que solamente conocemos por el gran número de objeciones, muy razo-nadas y detalladas, con las que el virrey Pedro de Toledo intentó, aunque sin éxito, persuadir de tal empeño al Emperador, viene retrasando la idea de escribir un artículo sobre la historia de dicha unidad, a la que después se dio el nombre de «Tercio de Nápoles y Sicilia» y que resultó efímera, ya que fue disuelta disciplinariamente en 1538. Como ya doy por perdida la Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2016, pp. 188-232. ISSN: 0482-5748


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