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REVISTA HISTORIA MILITAR EXTRA CERVANTES

LOS CAPITANES DEL SOLDADO MIGUEL DE CERVANTES 215 Menor importancia tuvo en su caso la preparación defensiva contra la amenaza de desembarcos turcos, que fueron escasos en aquel tiempo debido a la movilización de los recursos otomanos en la defensa de su frontera con el Sacro Imperio, donde las tropas alemanas, italianas, valonas y españo-las habían conseguido importantes reconquistas en Valaquia, Transilvania y Hungría. Con todo, hubo algún desembarco, como el de Cicala en sep-tiembre de 1594, en Calabria, donde puso fuego a la ciudad de Reggio, abandonada por sus habitantes, que le emboscaron antes de reembarcarse, causándole numerosas bajas. El mismo renegado Cicala regresó a las costas calabresas en 1598, pero se contentó con solicitar al virrey de Sicilia, por carta entregada en Messina, que le permitieran ver a su madre. Conseguido esto a bordo de su propia nave, regresó a Constaninopla sin causar el menor daño en lugar alguno. El 27 de abril de 1599, el embajador veneciano en el Reino de Ná-poles, Carlo Scaramelli, escribía al Senado de su república que el virrey conde de Olivares había «enviado a don Emanuel di Ponsdelion, español, para pasar besar el pie al Papa en su nombre y licenciarse de Su Santidad y de todo el colegio cardenalicio, uno por uno, por su regreso a España».101 Para entonces, aunque no hemos conseguido localizar la Cédula Real de su nombramiento, había sido llamado para fungir una nueva castellanía, ahora en Portugal. Castellano de São Julião da Barra (1599-1609) Juan III el Piadoso, nieto materno de los Reyes Católicos y Rey de Portugal (1521-1557), ordenó la construcción de un fuerte moderno en la barra del Tajo, junto a la villa de Oeiras, a la márgen derecha del río, que llevó cabo Miguel de Arruda entre 1553 y 1568. Se llamó Torre de São Julião da Barra y cruzaba fuegos con la opuesta de San Lorenzo de Bo-gio. Pero tras la exaltación al trono portugués de Felipe II de España –I en Portugal– aquel fuerte fue transformado, entre 1581 y 1598, en la mayor y más importante fortaleza portuguesa de su tiempo, no en balde denominada la «chave do Reino». Trabajaron en ella los ingenieros italianos Giacomo Pelearo, conocido como el Fratín, que proyectó el baluarte que penetra en el mar aprovechando una escollera natural, Filippo Terzi y Leonardo Torriani. Debido a su situación sobre una punta llamada de San Gião, a menudo la fortaleza ha sido reseñada con dicho nombre, sobre todo en España, donde 101  Ibidem, pág. 211. Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2016, pp. 215-232. ISSN: 0482-5748


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