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REVISTA HISTORIA MILITAR EXTRA CERVANTES

LOS CAPITANES DEL SOLDADO MIGUEL DE CERVANTES 223 nombramiento, aunque en otros casos también era corriente hacerlo desde la de incorporación efectiva, pero una cláusula de retroactividad asociada a la fecha de la última vacante, que en este caso particular superaba los tres años de gajes, es la primera de las que haya tenido noticia. Llegado a Palermo, don Manuel reclamó por sueldos atrasados 5.415 escudos, pretensión que el veedor general Pedro de Echavarría rebajó a 987, ordenando el virrey la remisión del caso a Felipe III para que este fallara en el asunto. Aunque desconozco cual fue la decisión adoptada, no debió de ser favorable a los intereses de don Manuel, dado que, intentando compen-sarle, el duque de Osuna le nombró el año siguiente (13 de junio) «maestre de campo general del Reino de Sicilia, con 300 escudos al mes, sobre 123 escudos y medio que tiene con los oficios de maestre de campo de este Ter-cio, con compañía y 12 alabarderos, y castellano de Castilamar de que Su Majestad le hizo merced, de forma que el sueldo que le acrecienta importa cada mes 176 escudos y medio».120 De nuevo medió protesta al Rey por parte del veedor y de nuevo hubo de recular el virrey, ciertamente no muy acostumbrado a hacerlo don Pedro Téllez Girón (1574-1624), III duque de Osuna, saludado por sus coetáneos como «el Gran Duque, Osuna el Grande o Pedro el Grande», luego virrey de Nápoles (1616-1620), que acabaría sus días en una lóbrega mazmorra del castillo de la Alameda de Barajas, luego conocida como Alameda de Osuna. Más plácidamente acabaría los suyos don Manuel, atendiendo pun-tualmente a sus obligaciones con el Tercio, pero también entregado a las ta-reas de consejero del Reino, cargo que fungía precisamente por su condición de maestre de campo de dicho Tercio, que le obligaba a acudir dos veces por semana al Palacio Real de Palermo, donde se reunía, aparte las convocato-rias extraordinarias. Tenido por persona de «mucho juicio, entendimiento y consejo», era en esta faceta donde fue más ponderado por sus superiores. En noviembre de 1622, el virrey Filiberto de Saboya solicitó al Rey, para recompensar sus servicios, un título del Reino de Sicilia, de conde o marqués, para él y sus sucesores121; pero le llegó antes la muerte que el premio. El 5 de junio de 1623, postrado por la enfermedad, aunque sano de juicio, en sus aposentos del castillo de Castro, «Castrum Maris» o Cas-tellammare, redactaba sus últimas voluntades, instituyendo por herederos universales a sus cinco hijos (Lope, Lorenzo, Luis, Feliciana y Teresa), y mandando lo sepulten ante la pila de agua bendita de la iglesia de San Juan, San Giovanni degli Eremiti. Ignoramos la fecha concreta de su muerte, que 120  Ibid., id. 121  Archivo General de Simancas, Est., leg. 1.894, doc. 39. Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2016, pp. 223-232. ISSN: 0482-5748


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