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REVISTA HISTORIA MILITAR EXTRA CERVANTES

22 MANUEL FERNÁNDEZ NIETO recogió a Modón, que es una isla que está junto a Navarino, y echando la gente en tierra, fortificó la boca del puerto y estuvóse quedo hasta que el señor don Juan se volvió». En efecto fue una ocasión única de destruir la flota enemiga, frustrada por las indecisiones y demora de los capitanes de la Liga. Pasa Cervantes el invierno en Nápoles, según consta por el pago de unos atrasos allí consignados, y cuando en primavera la armada está dis-puesta a partir hacia el mar griego se retiran los venecianos, por haber fir-mado la paz con el turco, ocasionando así el fin de la Santa Liga. Cambia de planes la escuadra española y, con don Juan de Austria al frente, se dirigen ya muy avanzado el verano a Túnez con intención de detener la constante incursión de naves piratas en las costas mediterráneas. Las órdenes de Fe-lipe II eran muy concretas: debía tomar la Plaza, devolver el trono a Muley Hamet, destronado por su hermano, vasallo del sultán turco Selim, y destruir las fortificaciones de la ciudad y de La Goleta. Probablemente la intención de don Juan era distinta pues abrigaba la idea, respaldada por el Papa, de crear un reino cristiano en el norte de África cuya Corona ceñiría él mismo, esto explica que en contra de las instrucciones recibidas conserve las for-tificaciones dejando a su partida, en el mes de noviembre, una guarnición mandada por don Pedro Portocarrero cuyos hijos, casualmente, están enton-ces relacionados en Madrid con las hermanas del escritor. En el Quijote (I, 39), se nos habla con detalle de estos sucesos y del trágico fin de aquellas aspiraciones. Miguel junto con su compañía pasó los meses siguientes de la cam-paña de Túnez en la isla de Cerdeña. En febrero y marzo de 1574 aparece su nombre en dos documentos fechados en Nápoles para que le sean pagados treinta escudos cada vez y, casi seguro, parte desde allí hasta Génova a don-de el rey Felipe envió a su hermano para sofocar las revueltas iniciadas por algunos rebeldes, impulsados por Francia, en su protectorado de Lombardía; aquí permanecieron desocupados hasta que, informado don Juan del ataque turco a los fuertes de Túnez, regresan a primeros de agosto a Palermo con intención de juntarse todas las tropas y socorrer a los sitiados. Sale desde allí la flota pero el mal tiempo impidió realizar una rápida acción y, pese a las tentativas de llegar a las costas africanas, deben refugiarse en Trápani, hasta que llega la noticia de que el 13 de septiembre ha caído la capital y ya no procede una expedición de socorro. A finales del mes, dispuestos a pasar el invierno, el Tercio de Lope de Figueroa, con nuestro escritor, desembarca en Palermo y en noviembre encontramos, entre las cuentas del pagador del Ejército Juan Morales de Torres, una partida de veinticinco escudos a favor de Miguel de Cervantes como soldado aventajado. En diciembre, junto con Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2016, pp. 22-46. ISSN: 0482-5748


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