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REVISTA HISTORIA MILITAR EXTRA CERVANTES

LOS CAPITANES DEL SOLDADO MIGUEL DE CERVANTES 231 vez conseguida una mínima capacitación, estos soldados se reincorporaban en sus compañías, o si estas habían sido reformadas, en otras. Pero estas transferencias de soldados entre compañías nunca dependían de la voluntad individual del soldado. Para llegar a su inferencia, el Dr. Ribot recurre a tres casos de solda-dos de la guarnición del castillo de Milán. Es rarísimo hallar en escalones tan bajos del escalafón «relaciones de méritos y servicios», que se entienden las redactadas y certificadas por los oficiales del sueldo de las veedurías y contadurías de los repartimientos militares, o de las secretarías de despacho en la Corte, a partir de los documentos probatorios exhibidos por los propios interesados. Estas son muy precisas y fiables, pero solo eran dables para ofi-ciales que pretendían alguna vacante y que debían apoyar sus candidaturas con tales instrumentos para que el órgano decisor resolviera el expediente. El Dr. Ribot apela a deposiciones de los interesados en un proceso, que son afirmaciones sin contrastar. El primer caso que refiere es el de Tomás de Santa Cruz, del que dice: «Tras estar un tiempo en la compañía del capitán Polanco de San-tillana, cuando esta marchaba hacia España a las órdenes de don Suero de Solís, cambió su plaza al castillo, y últimamente a la compañía del capitán Corcuera, donde la tenía cuando declaró, en que llevaba un total de diez años como soldado en el ducado de Milán.» Ergo comenzó a servir ca. 1573-1576 en la compañía del capitán Ni-colás Polanco de Santillana, natural de Villacuende (Palencia), hidalgo y contino de la Casa Real, que en 1580 obtuvo la castellanía de Bari, en Puglia (Nápoles) –donde murió en noviembre del mismo año–, y cuya compañía lombarda pudo haber sido reformada, ya que el capitán Suero de Solís no servía en Milán sino en Nápoles. En todo caso, aquel mismo año de 1580 se formó un Tercio de 7 compañías para servir en Portugal, en el que entra-ron compañías napolitanas, sicilianas y lombardas cuyos efectivos se com-pletaron para la ocasión sacando soldados experimentados de otras, como también de guarnciones y castillos. Tanto si la antigua compañía de Polanco sucediera en la de Solís, que lo ignoro, como si no, lo cierto es que los capi-tanes de aquellas escogidas para la campaña portuguesa tenían instrucciones precisas para llevar solamente a soldados prácticos y experimentados, sien-do lo probable que Santa Cruz fuera desechado por carecer de tales requisi-tos y tuviera que sentar plaza en el castillo milanés no por su voluntad, sino por haber sido despedido de aquella en la que servía, aunque facilitándole el medio de continuar el servicio activo. Más complicado resulta identifi- Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2016, pp. 231-232. ISSN: 0482-5748


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