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REVISTA HISTORIA MILITAR EXTRA CERVANTES

SEMBLANZA DE MIGUEL DE CERVANTES, GENIO DE LAS LETRAS… 35 locura; sin embargo cualquier persona de bien comulga necesariamente con los ideales que alentaban su empresa11. En cualquier caso, don Quijote decide hacerse caballero para defen-der a los débiles y restaurar la justicia y esto lo pretende realizar con la fuerza de su brazo, mediante las mismas armas con que guerreaban los hé-roes medievales. Era un desatino puesto que ya había pasado la época de los torneos y la lucha cuerpo a cuerpo había cambiado con la utilización de las armas de fuego. Pero en la mente del hidalgo estarían muy presentes los grabados que poseía en su biblioteca que ilustraban los relatos de Amadís, Belianís, Florisel y tantos otros guerreros representados con sus espléndidos arneses a lomos de magníficos caballos y, a imagen de estos, realiza su tras-formación en caballero. Lo primero que hizo fue limpiar las armaduras de sus bisabuelos que, lógicamente, estaban en desuso. Era este un elemento cómico en el que re-pararían los lectores de la época; don Quijote vestía un arnés anacrónico de la época de los Reyes Católicos, fines del siglo XV o principios del XVI, cuyas piezas «limpiólas y aderezólas lo mejor que pudo», que no sería mu-cho puesto que cuando Sancho desarma a don Quijote este se halla «todo bisunto con la mugre de las armas» (I, 18). Cervantes pone de relieve lo inaudito de su vestidura cuando escribe que el ventero «viendo aquella figu-ra contrahecha, armada de armas tan desiguales como eran la brida, lanza, adarga y coselete estuvo a punto de burlarse aunque, por miedo a desatar su ira, se detiene» (I, 2). Por tanto, nuestro hidalgo inicia su andadura vistiéndose para la gue-rra, de acuerdo con las prendas e instrumentos bélicos que disponía aunque ya arrumbados por su ineficacia. Suponemos que don Quijote tendría en casa restos de distintas armaduras españolas de fines del XV, caracterizadas por su sencillez de líneas frente a las italianas engalanadas de acuerdo con su pasado clásico. El arnés de don Quijote debía ser de los simples, de peto y espaldar lisos con pequeñas hombreras y brazales bastos, y poco resisten-te, como se infiere del golpe propinado por el colérico vizcaino (I, 9). En ningún momento del relato se hace referencia a qué llevaba el hidalgo de la Mancha en las manos que, normalmente, se cubrían con manoplas o guante-letes, tampoco se alude a los escarpes por lo que debía llevar calzado normal con la armadura ridiculizando aún más su figura. La protección de la cabeza se especifica muy bien al señalar que sus armas no tenían «celada de encaje», que era un casco con una pieza ancha o falda para proteger el cuello y que encajaba con la coraza del pecho, sino 11  Vid. Carlos Castilla del Pino, Cordura y locura de Cervantes, Madrid, Península, 2005. Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2016, pp. 35-46. ISSN: 0482-5748


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