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REVISTA HISTORIA MILITAR EXTRA CERVANTES

SEMBLANZA DE MIGUEL DE CERVANTES, GENIO DE LAS LETRAS… 37 conseguirlo, se le ocurre que puede servir su rocín, pero bautizándolo de for-ma semejante a los que conocía por sus lecturas puesto que iba a convertirse en compañero de sus andanzas. Con el acierto que tiene para los nombres, Cervantes le denomina Rocinante, antes rocín o el primero de los rocines, adquiriendo categoría de personaje, casi protagonista en algunas ocasiones, a lo largo de la narración. Al elegir la Mancha como determinativo de su nombre, otra vez pone de relieve la parodia de los libros caballerescos, pues este territorio, hoy mitificado por Cervantes, es descrito por los antiguos viajeros como una tierra árida y pobre, de caminos polvorientos y desiertos y ventas desabaste-cidas. La Mancha es el escenario menos adecuado para encontrar aventuras semejantes a las descritas en los relatos de caballeros, sin embargo, gracias a don Quijote, esta región alcanzará categoría universal y mucho más eco que consiguieron Gaula, Grecia, Hircania o Bretaña. La primera salida. Don Quijote así armado y sobre su caballo Roci-nante, de madrugada, uno de los días más calurosos del mes de julio, sale de su lugar de la Mancha y comienza su andadura por el Campo de Montiel. Tras caminar toda la jornada, al atardecer divisa una venta, construcción característica de los caminos para albergar a los viajeros, que don Quijote imagina castillo trasformando la realidad. Además, en su enajenación lite-raria y según ha leído en sus relatos, sabe el manchego hidalgo que no ha sido armado caballero por lo que espera que el señor del castillo lo haga de acuerdo con el ceremonial acostumbrado. De tal forma, va adaptando la situación real a sus imaginados pensamientos: el hospedero será castellano, las prostitutas damas, elaborado manjar la inmunda comida del alojamiento o delicada música, el silbato de un castrador de puercos. Solicita al ventero le otorgue la orden de caballería y este, con una burlesca ceremonia, lo hace. Este episodio es clave pues don Quijote nunca fue armado caballero y, por serlo de burla, algo que percibirían muy bien los lectores de su tiempo, según las reglas de la orden nunca lo podría ser a partir de ese momento. Tal como dice el profesor Martín de Riquer: «La novela se basa, pues, en un error, producto de la locura del pro-tagonista, que, como buen monomaniaco, es un hombre sensato, prudente y entendido en todo menos en lo que afecta a su desviación mental. Don Quijote, hombre bueno, inteligente, de agudo espíritu, de un atractivo sin límites y admirable conversador, solo denuncia su locura al creerse caballe-ro y al amoldar cuanto le rodea al ficticio y literario mundo de los libros de caballería»13. 13  Martín de Riquer: Nueva aproximación al Quijote, Barcelona, Teide, 1989, p. 80. Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2016, pp. 37-46. ISSN: 0482-5748


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