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REVISTA HISTORIA MILITAR EXTRA CERVANTES

CERVANTES, SOLDADO DE INFANTERÍA ESPAÑOLA 49 Con la caída de Constantinopla en poder de los turcos otomanos el 29 de mayo de 1453, los extremos oriental y occidental mediterráneos, así como la costa norteafricana, quedan bajo dominio musulmán. El pujante Imperio otomano comienza su expansión hacia Occidente, llegando a ocupar Otranto en 1480, amenazando e incluso impidiendo las relaciones, especialmente comerciales, de los distintos Estados europeos, sobre todo de Venecia, con Oriente, lo que se añadía a la amenaza que en materia de reli-gión, cultura, costumbres, etc., se cernía sobre la Europa cristiana. El cerco se rompe con la toma de Granada por los Reyes Católicos y la subsiguiente expansión española por las costas norteafricanas. Al comien-zo del reinado de Carlos I, dos imperios en formación que basan su fuerza en el poder terrestre, los Tercios españoles y los jenízaros turcos, se van a enfrentar en un escenario terrestre y otro marítimo: la cuenca del Danubio y el mar Mediterráneo. En el escenario terrestre, los turcos asedian infructuosamente Viena en 1529 y 1532 y se detiene su progresión hacia Occidente, pero no así en el Mediterráneo, donde la mayor parte de las conquistas africanas de Fernando el Católico habían caído en mano de los corsarios berberiscos, más o menos dependientes del poder de Constantinopla. Entre 1530 y 1543, Carlos I se esfuerza en dominar el Mediterráneo occidental y tratar de penetrar en el oriental, ocupando al mismo tiempo los principales focos de la piratería nor-teafricana, y aunque se conquistó Túnez se fracasó en Argel. Los resultados fueron en general mediocres y prácticamente se perderá todo lo logrado. La iniciativa fue siempre de los turcos, manteniendo el Emperador una actitud permanentemente defensiva, «...resistir al turco...», con lo que no buscaba su derrota, sino que no alcanzara la victoria: frenar su expansión hacia el occidente de Europa. Por eso, las acciones ofensivas que emprende están siempre inscritas en esta concepción estratégica, razón por la cual no explota el éxito de sus victorias, que implicaría el paso a una estrategia ofensiva, tan solo esbozada en los intentos fallidos de acción sobre la zona oriental, precisamente por no estar acorde con la concepción estratégica general. ¿Esta estrategia defensiva, era la que realmente quería el Empera-dor, o era la única posible? Probablemente lo segundo. La desunión entre los reinos cristianos, con intereses muchas veces enfrentados, hacían prác-ticamente imposible el conseguir la superioridad de medios y la libertad de acción necesarias para adoptar una actitud ofensiva y, por tanto, resolutiva. Es decir, no existía una correlación entre la base filosófico-política que, pre-sumiblemente, sustentaba el enfrentamiento –la idea imperial de cruzada– y las acciones emprendidas para la consecución del que debiera ser el objetivo final –la destrucción del poderío turco–, puesto que los reinos cristianos no Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2016, pp. 49-76. ISSN: 0482-5748


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