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REVISTA HISTORIA MILITAR EXTRA CERVANTES

CERVANTES, SOLDADO DE INFANTERÍA ESPAÑOLA 57 Sea como fuere, si se asume el alistamiento en verano de 1570, cuando Miguel de Cervantes pasa destinado a la compañía de Diego de Urbina, lleva un año como soldado, vestido de «papagayo» como Tomás Rodaja (Cervantes, El Licenciado Vidriera, 1952, 877), en alusión a los vistosos y coloridos ropajes con los que se vestían los soldados de los Tercios en una época en la que no existía el uniforme tal y como ahora lo concebimos, y llega a la batalla de Lepanto (7 de octubre de 1571) con algo más de un año de antigüedad, es decir, ya había adquirido de la mano del sargento, de su cabo y, sobre todo, de sus compañeros vetera-nos o de sus camaradas, un cierto grado de instrucción. Unos dos siglos después, en 1768, las Reales Ordenanzas de Carlos III plasmarán esto en el artículo 1º: «El recluta que llegare a una compañía se le destinará a una escuadra, de cuyo cabo será enseñado a vestirse con propiedad y cuidar sus armas; enterándosele de la subordinación que, desde el punto que se alista en el servicio, debe observar exactamente», lo que no difie-re sustancialmente de lo preconizado en 1594 por Sancho de Londoño en su Discurso sobre la forma de reducir la disciplina militar a mejor y antiguo estado. Poco, o nada, se sabe de la peripecia personal y profesional de Cervantes durante el tiempo que estuvo en filas previo a la batalla. Ni siquiera se sabe en calidad de qué ingresó, aunque todo parece indicar por su trayectoria posterior que lo hizo como arcabucero. Los bisoños (novatos) que ingresaban en una compañía eran recibidos por el capitán, que les señalaba las armas con las que habían de servir, y si disponían de suficientes medios económicos que les permitieran la adquisición de un arma de fuego y su munición, además de mostrar capacidad para ma-nejarla, pasaban a engrosar las filas de los arcabuceros o de los mosque-teros. Llama la atención que Cervantes en sus obras nunca dice que sir-viera en uno u otro Tercio y muy raramente hace mención a los Tercios ni a los maestres de campo y sin embargo son frecuentes sus alusiones a las compañías y a los capitanes. Esto es así en parte por la peculiar orgánica de los Tercios, en los que las compañías eran las unidades de combate propiamente dichas, y por otro el sistema de reclutamiento según el cual el Rey reclutaba capitanes y estos reclutaban hombres, que Cervantes describe de forma sucinta en El Licenciado Vidriera (Cervantes 1952, 876): «… y dijo que era capitán de Infantería por Su Majestad, y que su alférez estaba haciendo la compañía en tierra de Salamanca». Este esquema favorecía la vinculación del soldado con su jefe inmediato y a ambos les unía la fuerza del contrato establecido y la convicción de Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2016, pp. 57-76. ISSN: 0482-5748


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