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REVISTA HISTORIA MILITAR EXTRA CERVANTES

CERVANTES, SOLDADO DE INFANTERÍA ESPAÑOLA 65 cristianas europeas no volverían a estar en mayor riesgo que entonces, pero lo que no podía imaginar es que cuatro siglos después Europa sigue estando amenazada en sus raíces cristianas y en las libertades que de ellas dimanan por una fuerza proveniente de Oriente, pero que, a diferencia de entonces, es mucho más difusa en su localización y en buena parte vive y se desarrolla en el propio corazón de Europa. La piratería, el secuestro, la extorsión y el asesinato de entonces se enmarcan ahora en el concepto más amplio, pero también brutal, de terrorismo, poniendo en peligro el sistema de valores e intereses que configuran nuestra sociedad. Los actores han cambiado pero ¿sería posible hoy una alta ocasión como Lepanto? Cervantes no parece muy convencido a la vista de la falta de unión y determinación que en aquel momento mostraron las potencias europeas. Cervantes ha resultado herido en la batalla y cabe suponer que reci-biría los primeros auxilios por parte de sus compañeros y por el cirujano y el barbero de la compañía, o puede que por los de la galera, que gozaban de gran prestigio a tenor de lo que manifiesta Cervantes en Las dos doncellas (Cervantes 1952, 962), que pone en boca de un cirujano famoso en la ciudad (Barcelona), por cierto, el oficio de su padre en Alcalá de Henares: «Que siempre los cirujanos de los ejércitos y armadas eran muy ex-perimentados, por los muchos heridos que a cada paso tenían entre las manos». Continúa Cervantes el relato: «Llegó en aquel instante el cirujano de las galeras y dio cuenta al de la ciudad de la herida y de cómo la había curado y del peligro que de la vida, a su parecer, tenía el herido; con lo cual se acabó de enterar el de la ciudad de que estaba bien curado». ¿Estaría Cervantes recordando cuando esto escribe su propia experien-cia, al desembarcar e ingresar en el hospital general de Mesina? Pues es po-sible. Curiosamente no hay en su obra literaria alusiones a su estancia en el centro sanitario ni se dispone de testimonios de otras personas en ese sentido. Sabemos que estuvo en cura hospitalaria unos seis meses, durante los cuales le son concedidas varias gratificaciones por su condición de herido y por los servicios prestados, que oscilan entre los 20 ducados y los 22 escudos. No se sabe a ciencia cierta si Cervantes permaneció en Mesina todo el tiempo que duró su curación o se trasladó con la compañía de Diego de Urbina a una localidad que el soldado Juan Bautista Villanueva denomina Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2016, pp. 65-76. ISSN: 0482-5748


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