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REVISTA HISTORIA MILITAR EXTRA CERVANTES

CERVANTES, SOLDADO DE INFANTERÍA ESPAÑOLA 69 La Goleta había caído en poder de los turcos el 25 de agosto y lo pro-pio había ocurrido con Túnez el 13 de septiembre: «Al año siguiente de setenta y cuatro acometió el turco a La Goleta y al fuerte que junto a Túnez (…) perdióse, en fin, La Goleta, perdióse el fuerte (…) y no se perdió por culpa de sus defensores, los cuales hicieron en su defensa todo aquello que debían y podían. Perdióse también el fuerte (…) los soldados que lo defendían pelearon tan valerosa y fuerte-mente, que (…) ninguno cautivaron sano de trescientos que quedaron vi-vos, señal cierta y clara de su esfuerzo y valor; y de lo bien que se habían defendido y guardado sus Plazas. Cautivaron a don Pedro Puertocarre-ro, general de La Goleta, el cual hizo cuanto fue posible por defender su fuerza». (Quijote I, XXXIX). «Primero que el valor faltó la vida / en los cansados brazos que, mu-riendo, / con ser vencidos, llevan la victoria. De entre esta tierra estéril, derribada, / destos torreones por el suelo echados, / las almas santas de tres mil soldados / subieron vivas a mejor morada / siendo primero, en vano, ejercitada la fuerza de sus brazos esforzados, / hasta que, al fin, de pocos y cansados, / dieron la vida al filo de la espada (…) mas no más justas de su duro seno del suelo tunecino / habrán al claro cielo almas subido, / ni aun él sostuvo cuerpos tan valientes». (Quijote I, XL). Dramática, hermosa y encendida defensa del valor y sacrificio de los soldados, a los que hace santos y libera de la culpa de la derrota achacán-dola, de forma velada, a los gobernantes que «hablan de lejos y con poca experiencia de casos semejantes» y a un Gobierno que «deja perderse fuerza que no es socorrida». Pero es extremadamente duro cuando afirma que aquel generoso e inútil sacrificio fue para defender un foco de corrupción sin valor estratégico «oficina y capa de maldades (…) gomia o esponja y polilla de la infinidad de dineros que allí sin provecho se gastaban, sin servir de otra cosa que de conservar la memoria de haberla ganado Carlos V» (Quijote, ibidem). En octubre de 1574 el embajador de España en Roma, Juan de Zúñiga, escribía al virrey de Nápoles, Antonio Perrenot de Granvela: «No puedo dejar de lastimarme de que todo lo que se ha gastado este año no haya servido de cosa alguna», echando la culpa «a la manera que ordenan las co-sas en el Consejo de España» (Kamen, 1997, 149) y el secretario real Mateo Vázquez informa al soberano en noviembre del mismo año de que la pérdida de La Goleta «se creía había sido ira de Dios para castigo de pecados y abo-minaciones que allí se hacían» (Parker, 1998, 183). Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2016, pp. 69-76. ISSN: 0482-5748


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