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MARÍA LUISA RODRÍGUEZ-SALAS leña, lastre y de un práctico que los convoyase a Paracao. La respuesta no fue agradable, ya que le manifestaron resueltamente que en el poblado solo se mantenían de pescado, raíces y algunos «muniatos» (44) y que no contaban con gente adecuada. Como segunda opción, Estorgo les pidió una barca para despachar a Zorrogón en distancia aproximada de 12 leguas; se la aprontaron, pero le advirtieron que sería un viaje muy peligroso por la presencia de los moros tan atrevidos y bien armados que inclusive amenazaban a la capital y que por ello solo hacían el recorrido las embarcaciones grandes, galeotas y galeras. Sin embargo, el 22 del mismo mes, salió una barca para Zorrogón, retornando en la misma noche totalmente anegada; Estorgo la abordó y volvió a salir, el mal tiempo le obligó de nuevo a regresar. El religioso, angustiado por la situación del enviado real, le proporcionó alguna pieza de artillería y con la galera del pueblo partieron las dos pequeñas embarcaciones el día 28 a las cinco de la tarde. Montaron el cabo Punta del Diablo y descubrieron Masbate y Zibuyán y toda la isla de Burias. Los siguientes días continuaron su recorrido y el Jueves Santo, un 31 de marzo, se acercaron a la isla de Romblón en búsqueda del puerto del mismo nombre, que el capitán consideraba seguro. Todos estos sitios, en la actualidad, conservan sus mismos nombres. El Viernes Santo, primer día de abril, ante el deplorable estado de la goleta para tomar puerto, solicitó ayuda al gobernadorcillo local. Tuvo una muy buena acogida, pero los hombres que trataron de remolcar la embarcación no lo lograron y el buque tuvo que dar fondo y quedar resguardado por centinelas y gente del poblado (45). El capitán Estorgo permaneció a bordo y en el segundo intento se llevó la goleta a la boca del puerto. El religioso aconsejó al capitán que esperara una embarcación mayor que lo convoyase y le avisó que estaba en puerto una balandra mediana que comerciaba en esa región. De inmediato Estorgo entró en comunicación con su dueño y le dio a conocer la importancia y urgencia de poder seguir su viaje. El comerciante aceptó acompañarlo siempre y cuando se le cubrieran los gastos para dejar en tierra su mercancía. Por supuesto que Estorgo accedió de buen grado y dio órdenes de adecuar las dos embarcaciones. Los siguientes días de abril (4 al 8) los dedicaron a esos trabajos. El día 9, si bien todos los prácticos y el piloto de la balandra le comentaron al capitán que esperara hasta la siguiente luna para levar anclas, la ansiedad lo empujó a salir (46). El 14 de abril se encontraban frente a las costas de Tayabas (47) y desde ese punto envió una barca pequeña con cuatro remeros y un piloto para, por carta, dar cuenta al Superior Gobierno de que le era imposible llegar con la goleta a Manila y pedía se le enviara otra embarcación. A bordo de la balandra (44)  Especie de camotes o boniatos. (45)  Diario, f. 63. (46)  Diario, f. 66. (47)  Algún punto en la bahía de Tabayas, provincia de Quezón, probablemente antes del conocido Pasaje de las Islas Verdes. La provincia llevó el nombre de Tabayas y la isla Verde se localiza en 13° 33,8´ N y 121° 4,23´ E. 26 REVISTA DE HISTORIA NAVAL Núm. 136


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