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DAVID RUBIO MÁRQUEZ da alemana había previsto que si se hundían 600.000 toneladas de navíos por mes, en el plazo de cinco meses el Gobierno británico pediría la paz. El riesgo era enorme, podría acarrear la entrada en la guerra de Estados Unidos y de otros países neutrales. A pesar de ello, el 9 de enero de 1917 el káiser Guillermo II aceptó iniciar la guerra submarina a ultranza a partir del 1 de febrero. Esto significaba que los submarinos alemanes atacarían a todo buque mercante que circulase por las aguas alrededor de las islas británicas, Azores y todo el Mediterráneo, con excepción de una franja de veinte millas alrededor de los países neutrales y un paso por el Mediterráneo hasta Grecia. Dos días después, el presidente de Estados Unidos, Wilson, anunciaba en el Congreso la ruptura de relaciones diplomáticas con el imperio alemán. El conocimiento del llamado «telegrama Zimmermann» y la admisión de su autenticidad por parte de Alemania «destruyó la indiferencia con que las tres cuartas partes de la población norteamericana contemplaba la guerra hasta aquellos momentos» (17). El 2 de abril Wilson solicitó al Congreso que se declarara el estado de guerra entre Estados Unidos y Alemania. A pesar de los éxitos conseguidos en los primeros meses de la campaña germana, en abril fueron hundidas 866.000 toneladas, de las cuales 10.887 correspondían a barcos españoles (18). La adopción del sistema de convoyes y la intensificación de la construcción naval inclinó la balanza del lado de los aliados: «A fines de aquel año 1917 era ya seguro que no sucumbiríamos (…). A mediados de 1918, la campaña submarina había sido definitivamente ganada» (19). ¿Cómo reaccionó el Gobierno español ante los continuos ataques germanos a lo largo de la primera guerra mundial? Lo primero que debemos señalar es que el panorama político cambió al hacerse cargo Romanones de la jefatura del Gobierno el 9 de diciembre de 1915. Alemania, especialmente su embajador, temió que España se inclinase hacia los países de la Entente. El nuevo gabinete solicitó la cesión de diez barcos alemanes refugiados en puertos españoles para resarcirse de los perjuicios que estaba causando la guerra submarina. Alfonso xIII también intervino en las negociaciones. En febrero de 1916 manifestó al agregado militar de la embajada alemana la necesidad de sustituir las importaciones de carbón británico por otras procedentes de Estados Unidos. Para ello se necesitaba más capacidad de transporte y la solución sería emplear los barcos alemanes internados en los puertos españoles. Las negociaciones prosiguieron durante los meses posteriores. En mayo se redactó un borrador con las condiciones de la entrega de diez barcos, entre las que se estipulaba su devolución al finalizar la contienda. De la aparente buena sintonía en las negociaciones era prueba que el káiser enviara una carta al monarca español en la que expresaba: «Me produce una alegría especial poder confir- (17)  TUCHMAN, p. 255. (18)  Fueron hundidos durante ese fatídico mes el Alu Mendi, el Luisa, el Nuestra Señora del Carmen, el San Fulgencio y el Triana. Los hundimientos causaron 21 muertos, siendo el velero Nuestra Señora del Carmen, víctima de una mina entre Orio y Guetaria, el que perdió a trece de sus tripulantes. (19)  CHURCHILL, p. 879. 48 REVISTA DE HISTORIA NAVAL Núm. 136


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