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DAVID RUBIO MÁRQUEZ elevados precios en los mercados internacionales (32). Juan Antonio Lacomba afirma que las pérdidas de buques, fundamentalmente debidas a torpedeamientos, no les afectaban al estar cubiertos por seguros marítimos. Igual idea puede leerse en El año político, 1918: «… si este era torpedeado, poco o nada perdía, porque estaba asegurado y cobraba una buena prima por buque y carga». Esta situación les impulsaba, a pesar de los riesgos, a realizar lucrativos viajes. Pero, además, participaban en el avituallamiento de los sumergibles alemanes. El caso más paradigmático es el del armador mallorquín Juan March: contrabandista, presumiblemente abastecedor de submarinos alemanes, informador de la marina británica y objeto de permanente investigación por los servicios secretos franceses en relación con sus actividades en Marruecos y el Mediterráneo. Por si esto no fuese suficiente, mostraron una oposición frontal a las reformas emprendidas por Santiago Alba en Hacienda, calificadas por el historiador Carlos Seco Serrano de «tercer intento regeneracionista registrado en España desde el 98» (33). Alba pretendía sanear la Hacienda y vigorizar la economía española aprovechando la coyuntura favorable de la primera guerra mundial. Presentó un proyecto de ley, el 3 de junio de 1916, que pretendía gravar los beneficios extraordinarios de la guerra. Leyes similares ya habían sido aprobadas en Francia, Suiza, Italia, Austria-Hungría, Rusia y Estados Unidos de América. Inmediatamente encontró la oposición de Francesc Cambó, que justificó la misma escribiendo: «… no me proponía ni regatear recursos al Tesoro, ni amparar beneficios extraordinarios, sino rechazar un proyecto que, ni científica ni prácticamente, poseía consistencia (…) fueron muchos los que se decidieron a seguir el ejemplo» (34). Entre los aludidos por el político catalán, se encontraba el armador Ramón de la Sota. Ambos participan en actos públicos en contra del proyecto gubernamental celebrados en el Coliseo Albia y en el Club Marítimo del Abra. Se unieron los grandes apellidos de la oligarquía vizcaína: Ybarra, Zubiría, Chávarri, Ampuero y Gandarías. El proyecto de Alba fracasó ante la cerrada oposición de intereses coaligados contra él. Los oligarcas, especialmente los armadores, como ya hemos señalado al hablar de los dividendos en páginas anteriores, seguirán enriqueciéndose mientras el Estado español sigue empobreciéndose y es incapaz de atender a las necesidades, cada vez más acuciantes, de los más desfavorecidos. Como conclusión podemos señalar que la coyuntura de la primera guerra mundial afectó de manera profunda tanto a toda la economía nacional como, especialmente, a todas las actividades navales. La subida de los fletes provocó unos desmedidos beneficios que se tradujeron en nuevas demandas de barcos e (32)  En marzo de 1917 Fomento de la Marina protestó ante el Gobierno alegando que reduciría al paro forzoso a la mayoría de los navegantes al venderse los barcos nacionales. Un ejemplo de negocio lucrativo: el Mar Rojo fue adquirido en 1909 por 14.500 libras esterlinas, fue vendido en 25.000 en 1915 por la Compañía Marítima del Nervión. (33)  SECO SERRANO, p. 368. (34)  CAMBÓ, p. 228. 52 REVISTA DE HISTORIA NAVAL Núm. 136


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